viernes, 18 de junio de 2021
La geopolítica cultural en la CDMX después del 6 de julio
Por primera vez en la historia de la CDMX, la infraestructura cultural más importante del país será gestionada por una alianza opositora al gobierno central y al gobierno federal.
jueves, 28 de enero de 2021
La servucción en la prestación de bienes y servicios culturales. Carlos Lara G.
Bajo mi particular punto de vista, no podemos ver la renta de un espacio cultural solo desde la antropología o la sociología, sino también desde la administración pública, pues la cultura además de ser un fenómeno y un derecho, es también un servicio público. Esto nos permitiría separar el valor simbólico del inmueble para analizar las posibles oportunidades que nos podría dejar este caso. Haré un apretado ejercicio de reflexión. Si bien esta biblioteca es un recinto cultural que promueve el libro y la lectura, dicha función no debiera frenar la diversificación de sus bienes y servicios, la posibilidad de generar recursos financieros adicionales y sobre todo la posibilidad de retenerlos. Así recuperaría una parte de los recursos que le ha quitado el gobierno en el presupuesto. Es decir, si el gobierno no es capaz de dar un presupuesto digno, por lo menos debería generar condiciones para compensar la situación. Al ser una disposición reglamentaria, es decir, que está en el tramo competencial del Poder Ejecutivo, tiene fácil solución a través de un decreto presidencial, de esos que tanto gustan al mandatario. La Secretaría de Cultura debería impulsar dicho decreto para generar y retener el recurso autogenerado en estos recintos. Pensemos en lo que hubiera hecho la Biblioteca Vasconcelos con estos 311 mil 110 pesos que han ido a parar a la Tesofe.
Es verdad que el Reglamento General de Servicios Bibliotecarios establece que las instalaciones, mobiliario, equipo y acervo de las bibliotecas, serán de uso exclusivo de las mismas, y que ninguna persona o institución ajena a ellas puede disponer o hacer uso de estos para actividades ajenas a su naturaleza. Sin embargo, también es verdad que la Ley General de Bibliotecas, en su artículo noveno, establece que el Consejo de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, formulará a solicitud expresa, recomendaciones para lograr una mayor participación de los sectores social y privado, comunidades y personas interesadas en el desarrollo de la Red. Con criterios como este, Secretaría de Cultura podría impulsar el mencionado decreto que permita el aprovechamiento de estos espacios culturales. Es una pena ver al director de la Vasconcelos hablar del heroísmo solidario de sus bibliotutores, personas que ofrecen sus servicios por solidaridad y con sus propios recursos, puesto que lo único que muestra es un menosmalismo reprochable (menos mal que no cobran). Envía un mensaje negativo a la administración central: podemos vivir del presupuesto y del salario emocional.
Tony Puig es un destacado analista catalán que ha escrito, entre otras, una obra intitulada Ciudades con marca, en la que contrapuntea el marketing de servicios con las burocracias casposas. Expone el concepto de Servucción, entendido como la síntesis entre servicio y producción, con un énfasis especial en la idea de que un servicio está siempre en proceso de producción. Esto es, todo servicio concluye su producción en la personalización, en el momento del uso. La idea central de este concepto es que en la prestación de servicios siempre se está en acción: “La repetición monótona no es posible”. Es así que la calidad del servicio público puede depender más del embalaje o la artesanía de su proceso de producción, que de la tecnología, el personal especializado o la operación en edificios arquitectónicos de firma.
En la Servucción el usuario de cualquier servicio público siempre espera encontrar en él respuestas, propuestas, soluciones y pistas útiles. En el caso de la biblioteca, soportes y acompañamiento para su vida cultural, social, educativa, vecinal y recreativa. Por tanto, en un tipo ideal weberiano, el equipo de producción de cada bien o servicio cultural que presta, debería ser capaz de diseñar, a partir de competencias profesionales y mediáticas, cada utilidad de manera satisfactoria y darle forma de servicio, en lugar de negarlo, o peor aún, de condenarlo.
En otras palabras, un servicio no es un producto que se manufacture una vez y, que mediante los retoques necesarios, se repita casi infinitamente mientras encuentre usuarios. Esto es, la prestación (que no el servicio en sí), termina cuando el ciudadano, usuario o prosumidor lo usa. Recintos como la Vasconcelos corren el riesgo, pese a los esfuerzos que hace su director, de padecer el mal de los museos del país; el de tener dos visitas en la vida del mexicano, la de cuando eres niño y la de cuando eres padre. Y es que la peor la gestión de un recinto cultural como este, es intentar hacerlo pertinente y necesario en el ecosistema del nuevo consumo cultural, con mentalidad y actitudes de bibliotecario. ¿Por qué no pensar en una gran pasarela literaria anual que combine moda y literatura? Demasiada osadía para este gobierno claro.
Volviendo al punto. En la Servucción un servicio no es, casi nunca, un sólo servicio, siempre es un conjunto de servicios. Un servicio central (el núcleo) fuerte, pensado y trazado para satisfacer la necesidad comprendida de los destinatarios. El servicio nuclear en este caso es el acceso a la base de la cultura que es el libro, así como la promoción de la lectura. El libro es un bien cultural, un bien físico, que al ser digitalizado pasa a ser un servicio, un servicio prestacional que ofrece el Estado a través de este tipo de instituciones culturales. La pregunta es, qué otros servicios radiales pueden prestar en un marco de aprovechamiento para salir del precariato y sostener su actividad sustancial de una forma más digna. Además de la citada pasarela, se me ocurre otro tipo de Servucción, la de ofrecer el espacio como set de grabación para películas y series; cenas, recepciones etc… con los respectivos controles por supuesto. Creo que deberíamos abrir un poco nuestra mentalidad bibliotecaria. Dicho esto sin desdén de la profesión, antes bien como una de sus cualidades que la hace ser tan seria que vive encorsetada por inercias históricas y normas inoperantes. Debemos aprender que la única ley científica que la historia enseña, es que las cosas cambian, como bien dice el maestro José Álvarez Junco.
martes, 26 de enero de 2021
El pensamiento a granel en la promoción del arte y la cultura. Carlos Lara G.
Organismos internacionales como la Unesco, parecen haberse quedado en la primera etapa de la pandemia, no paran de documentar la deplorable situación del sector durante el confinamiento, pero se quedan cortos al momento de plantear posibles soluciones. Promueven y publican documentos con señalamientos como: el arte y la cultura han sido las actividades humanas más golpeadas por la pandemia, el Coronavirus ha obligado a los gobiernos a tomar medidas drásticas de aislamiento social; durante esta época el mundo se ha volcado hacia el arte y la cultura... Es ahora que se hace notorio el valor de la música, el arte, el cine, la literatura, el baile y todas las disciplinas de contenido cultural a las que la población mundial recurre buscando calmar la ansiedad, liberar el estrés provocado por el confinamiento, por lo que han lanzado diversas campañas de promoción y acceso virtual a bienes y servicios artísticos y culturales.
En lo personal, considero que todo esto ha estado muy bien, pero como parte de una primera etapa pandémica. Ahora es necesario comenzar a pensar en las siguientes etapas. Pasar del recuento de daños y el autoelogio al arte, a la cultura y a sus promotores, a la necesidad de que los planes, estrategias y programas de recuperación económica de cada gobierno incluyan a la cultura como sector estratégico. Por ejemplo, materializar el llamado que hace la Organización Mundial de la Salud a los gobiernos del mundo para aprovechar la conexión de estos ámbitos en la mejoría y beneficio adicional de la salud física y mental de los pacientes. Aquí hay una vertiente prometedora para emplear al sector en el desarrollo integral de los tratamientos médicos.
La reunión de Ministros del G20 del 4 de noviembre pasado fue histórica por haber reconocido la creciente contribución de la cultura a la economía mundial; en particular “su potencial en el espectro de las políticas públicas para forjar sociedades y economías más sostenibles”. Más específicamente, este grupo geopolítico llamó a la cultura, por primera vez en su historia, al centro de sus debates por ver en ella un componente clave para la recuperación económica y social. Muy bien, pero ¿Qué hacemos con esto? ¿Seguir regando este discurso para alimentar el pensamiento a granel? ¿O exigir y acompañar el desarrollo de estas inclusiones estratégicas desde la sociedad civil organizada? El gobierno mexicano ha sido incapaz de ver y entender esto. A mediados de la pandemia, el sector empresarial del país presentó 68 ideas para la recuperación económica. El documento no solo no contenía una sola idea en materia de cultura, sino que el presidente no lo entendió, mucho menos lo acepto. Recientemente, su cuestionada Secretaria de Economía, publicó un plan de recuperación económica verdaderamente pobre, el cual tampoco contiene en ninguno de sus cuatro ejes, una sola idea en materia de arte y cultura. Así las cosas, solo quedaría insuflar el aislado, separado, solitario y nada transversal ñoñismo verbal de una secretaría que no para de repetir “La cultura es la herramienta más poderosa de la transformación social”, “Que nadie se quede atrás”, “La cultura no ha parado” “La cultura comunitaria…”.- Este ñoñismo verbal es fuente inagotable del pensamiento a granel.
Solo espero que el sector cultural no sea ingenuo, cretino ni pretencioso que siga creyendo que la cultura será esa arma poderosa de transformación social, ahora en su versión de antibiótico post pandémico. No lo es porque la sustancia activa de esa poderosa herramienta es el ñoñismo verbal de siempre en otra presentación. Es decir, un intento por promover el arte y la cultura como placebo para seguir dando de comer a la diletancia.
Creo que la cultura, vista desde un punto de vista menos pretencioso, será algo más parecido al suero en la etapa postpandémica, que no es cosa menor. El suero permite inyectar sustancias al organismo que aportan elementos imprescindibles. Tiene la capacidad de irrigar cavidades y tejidos, así como entrar a las venas cuando hay disminución de líquidos o volumen de sangre. Una perfusión intravenosa en la sociedad, haría llegar de mejor forma los beneficios de un programa de recuperación económica publico-privado de mejor manera, si se hiciera a través del suero de la cultura. Se trata de que la sangre salga del corazón y llegue al cerebro de las personas y comunidades de otra manera. Ahora, esto no va a ocurrir por obra y gracia de la taumaturgia. O exigimos, acompañamos y persuadimos a golpe de señalamientos y denuncias al Estado y a la iniciativa privada la inclusión del arte y la cultura en la recuperación económica del país; o hacemos de coro de acompañamiento al ñoñismo verbal, que este 2021 viene con el discurso del “Año Internacional de la Economía Creativa para el Desarrollo Sustentable” y anda en busca de gestores dispuestos a alimentar el pensamiento a granel.
Menos mártires y más apóstoles en este proceso es lo que necesita la promoción del arte y la cultura en esta etapa de la vacuna. Aquí, el primer paso es dejar de ser diletantes repetidores del ñoñismo verbal que parece no haber pasado por la pandemia.
martes, 12 de enero de 2021
El sofisma de la resiliencia en las políticas culturales. Carlos Lara G.
sábado, 5 de diciembre de 2020
Nos mean, y Secretaría de Cultura dice que llueve. Carlos Lara G.
Nos mean, y Secretaría de Cultura dice que llueve
Muchos nos preguntamos qué sucedió con los activos culturales que tenía la mal llamada izquierda mexicana. Parece ser que al incorporarse al servicio público fueron devorados por el oficinismo. Muchos no sabían llenar un recibo de honorarios, quizá esto explique los impagos y la falta de eficiencia en la ya de por sí burocrática y ahora arruinada administración. Algo vieron venir seguramente en esta panda de funcionarios gente como Laura Esquivel, primera en no aceptar la invitación a trabajar en este club de las ocurrencias; lo mismo Horacio Franco y Luis Mandoki. Mario Bellatin no se aguantó la comezón, quiso intentar y ya ven, quitarlo parece haber sido hasta ahora el único acierto de Alejandra Frausto. A dos años de todo esto, vemos un desastroso equipo sin rumbo ni dirección; un fracaso para una izquierda que se ufanaba de tener a lo más granado de este sector. Lo cierto es que deben dejar a los creadores ser creadores y echar mano de los servidores públicos más capaces, que los hay, esperando una oportunidad en el marco del servicio civil de carrera.
Estos dos años de salario emocional a la distancia, de precariedad, ocurrencias y desatinos en la Secretaría de Cultura son enmarcados de forma inmejorable por la ignorancia del vocero de la misma, quien señala que el apoyo a las instituciones estatales no es una obligación de la federación. Es vocero y no ha leído el artículo 4to constitucional, desconoce las facultades y obligaciones del Estado e ignora qué es un derecho prestacional. Atentar contra las asociaciones civiles en general y contra de la comunidad cultural en lo particular, mediante un vergonzoso chat que intenta desactivar su esencia y razón de ser, es atentar contra la libertad creativa establecida en el artículo 4º de la Constitución, contra el derecho de asociación previsto en el artículo 9º del mismo ordenamiento. Es pasar por alto el derecho al trabajo en los términos del artículo 5º. Es vulnerar el ejercicio de los derechos culturales que tanto trabajo ha costado desarrollar.
El pretendido cambio de régimen de la 4T ha resultado ser un vulgar cambio de funcionarios; dispuestos a implementar el populismo punitivo y la mediocridad como política pública. Adiestrados ya para de desincentivar la participación, para aplaudir los ataques y ofensas presidenciales a la sociedad civil organizada, a la libertad de expresión, a la libertad creativa y ahora también, la desactivación de la comunidad artística sin el menor recato. Nos mean, y nos dicen que llueve, solía decir Eduardo Galeano en relación a los medios. Aquí ocurre lo mismo pero desde el gobierno. Un gobierno culturalmente regresivo que tiene a un maniquí de cubre bocas artesanales en la Secretaría de Cultura.
martes, 29 de septiembre de 2020
martes, 1 de septiembre de 2020
Secretaría de Cultura pierde el partido sin tocar el balón. Carlos Lara G.
La Secretaria de Cultura no ha podido tocar ningún balón importante desde que comenzó el Torneo Apertura 2018, denominado Cuarta Transformación. Al inicio tuvo buenas jugadas como la de pelear un mayor presupuesto para el sector, pero todos los balones se estrellaron, cuando no en la barrera en los travesaños, hasta convertirse en la única curva que han podido aplanar. Cabe destacar que desde antes del torneo practicaron muy buenas jugadas de pizarrón como esa de descentralizar los bienes y servicios culturales, pero se atravesó el dedito presidencial con el proyecto Chapultepec y terminó enviando el balón nuevamente al centro del terreno de juego. Una de las llegadas más clara fue esa del hallazgo de la voz de Frida Kahlo, de no ser porque saltó un aficionado desde las gradas y desvió el esférico a tiro de esquina.
Meses después tuvo un gran pase, esta vez frente a la portería y sin portero, con la presentación de la Estrategia Nacional de Lectura, pero el entrenador anunció el cambio, la envió a la banca y entró la antojadiza no primera dama, Beatriz Gutiérrez Müller, con ese imponente apellido alemán, que en el futbol es una gran carta de presentación, y sacó de la chistera El Tratado de Mocorito, arrebatándo así también ese balón.
Ya en el Clausura y Apertura 2019 experimentó una despiadada goliza registrando una racha peor que la del Atlas en temporada normal. Perdió siete partidos al hilo. Fue una triste espectadora de todo, en el palco de la transversalidad: La desaparición forzada del programa Pueblos Mágicos, ProMéxico, los fines de semana largos, el Instituto Nacional del Emprendedor, la nefasta absorción del Foprocine, el intento de desaparición forzada del Fidecine, el lamentable recorte en Alas y Raíces; la deplorable y vergonzosa reducción presupuestal al Fondo de Cultura Económica (en este partido los abucheos se escuchaban en América Latina), y qué decir del partido más reciente, el de la cancelación de ferias del libro en su versión digital, porque sus jugadores son todavía analógicos. Un auténtico desastre.
Hay que señalar que pese a ello, la secretaria no se dio por vencido, conocemos de su ahínco como buena guerrerense. Saltó a la cancha a jugar contra la pandemia portando una leyenda en la camiseta que decía “Contigo en la Distancia”. No le fue mal. Era un rival difícil contra el que nunca nos habíamos enfrentado. El problema es que fue en un torneo corto y en formato digital. No sé, era como ver un Necaxa Atlante narrado por Juan Dosal un domingo a las 11: 45. Dicho esto, no por la calidad de los jugadores, sino por el medio de transmisión en un momento de mucha, muchísima oferta audiovisual.
En términos generales no ha sido un buen torneo para la Secretaría de Cultura. Si tuviera que resumir en términos futboleros su desempeño de cara a las próximas temporadas, diría que es como jugar contra el Barça y tener a Messi dentro del área. No hay mucho que hacer. Y es que las indicaciones de su director técnico son las de replegarse lo más posible y correr tras los balonazos de Hacienda y la reducción del presupuesto, el decretazo presidencial de auteridad, los recortes laborales, la cancelación de programas, proyectos y fideicomisos, la lentitud en la implementación de acciones y sacar el pecho por ese maltrecho Programa Nacional de Cultura y su incleible confusión de estrategias con enunciados, propósitos y objetivos.
Es de entenderse que no haya asistido al mundial de clubes. Sí, la dejaron fuera del T-MEC, aunque hubo quienes decidieron jugar por la libre, pero más tardaron en bravuconear la muerte del neoliberalismo por decreto, que en votar a favor el tratado sin respingar; echando a la basura sus promesas en materia de cinematografía y ese empalagoso, obtuso y obnubilado discurso de sacar la cultura de los tratados comerciales.
Ahora bien, el equipo de la Secretaría de Cultura cuenta con un gran mediocampista ofensivo; el porblema es que le ha pasado lo mismo que a Maradona cuando debutó como director técnico de la Selección Argentina. Exacto, fracasó. Su nombre, Paco Ignacio Taibo II. Al igual que el 10, solía criticar a los hombres de pantaloncillo largo, a los directivos del balonpié por ineptos, capitalistas y corruptos. Claro, al igual que el 10, en la cancha, se había ganado el derecho a decir eso y más. Al igual que el 10, grandes goles lo inmortalizaron, son muy recordados Belascoarán, Pancho Villa y el Che Guevara. Al igual que el 10, había callado a sus más intransigentes críticos y detractores. Sí, al igual que Maradona podría, si quisiera, tatuarse en el brazo izquierdo “La mano de Dios”, alusivo al gol que metió a los ingleses en el mundial de México 86, Taibo podría tatuarse “Se las metimos doblada camarada”, alusiva a la forma en que llegó al FCE. Sin embargo, son sus bravuconadas ante la prensa y esa forma tan personal de jugar sin soltar el balón (caprichosas publicaciones personales acerca de autores exiliados y el gusto personal por los escritores muertos en dictaduras, refugiados, censurados), las que le distraen de su función sustancial. Por ello, Taibo es la más fiel imagen de Maradora en Sudáfrica 2010.
Siguiendo con la mala racha de Secretaría de Cultura, no podemos obviar la indisciplina en el equipo y esos balones difíciles que le ha puesto Jesusa Rodríguez, el propio Taibo, la desubicada periodista que preside Notimex y los aplaudidores a sueldo de Canal Once. Así las cosas, La Secretaría de Cultura solo puede hacer de coro de acompañamiento en ese remedo de estrategia transversal del subsecretario de salud, sumándose al minuto de silencio todos los días a las 12 de la mañana. Es como perder el partido sin tocar el balón.
Juan Villoro, que de esto sabe mucho, sostiene algo muy preocupante cuando señala la característica principal de los aficionados mexicanos al futbol (que son muchos). Dice que se saben desentender del resultado. Que su pasión no requiere de evidencia, que es una eficaz forma del autoengaño. Que por eso se resigna con facilidad y que el verdadero espectáculo en nuestros estadios está en las gradas: “Donde el público siempre hace más esfuerzo que los jugadores”. Fuerte, raso y colocado Villoro. Como los buenos pénaltis.
Bueno, es así como Secretaría de Cultura y su entusiasta equipo de gobernantes de izquierda, férreos conocedores, defensores, amantes, protectores y difusores del arte y la cultura del país, vuelve a ser el equipo llanero de La Cultura del Poder. Un equipo destinado a ser parte de la crónica del daño. Penúltimos en la tabla general, se limitan a hacer lo único que les ha enseñado su timonel: campaña. Ahora, no todo es malo en el descenso. El futbol llanero les ofrece la oportunidad de jugar contra equipos con los que se sentirán más ancanchados (nunca mejor empleado el término). Por ejemplo, Los trapicheros de Hidalgo, Los tlacoyeros del Bajío, Las bombas de mecate, Los carboneros de Bartlett, Los Mineros de Napito, Los eloteros de la Ciénega y Los jalapeños de piña miel. De momento, este es su nivel de juego. Visto desde el cuatroteismo, es decir, con harto optimismo, desde ahí podrían por lo menos practicar su gran afición al remedo.
viernes, 3 de julio de 2020
Política Digital para la Cultura
Política Digital para la Cultura: una primera dosis para el Covid-19
Carlos Lara G.Jorge Bravo
Jorge Fernando Negrete P.
José Manuel Hermosillo
lunes, 1 de junio de 2020
¿Para qué subir el piso si podemos bajar el techo? La mediocridad como política pública. Carlos Lara G.
En abril del año pasado, el mexicano Edmundo Gómez Moreno, estudiante de ingeniería, realizaba una estancia en la NASA, estancia que decidió abandonar para perseguir su verdadero sueño: hacer cumbias (Cada quien su sueño). Sí, con 28 años de edad y una formación musicial adquirida en el coro de la iglesia de su barrio, este joven promesa oriundo del Estado de México, dejó un prometedor camino dentro de su carrera para ser cumbianchero. Medianamente conocido en YouTube como “Raymix” tiene en su haber una cumbia viral que le ha dado un premio Billboard en la categoría de Canción Regional Mexicana, con el tema “Oye mujer”. No sé ustedes, pero hasta el momento, no conocía un caso tan alarmante de baja audioestima. Ahora, creo que a la NASA se abandona con algo más original, no sé, algo así como: En realidad, siento que la agencia me exige más de lo que me ofrece… ¿A que suena chingón? Pues nada, perdió la oportunidad de ser el primer cumbianchero en llegar cantando a Marte y tener su nombre en alguna calle del país, como lo tiene la perrita Laika, de hecho, y sin ser mexicana. Imaginen a Edmundo cantando una canción al planeta rojo. Pues nada, Dios te bendiga Raymix. La NASA siempre estará ahí, por si cambias de opinión. Lo sé, perdimos un talento de la ingeniería espacial, pero ganamos un cumbianchero. Andamos escasos en eso. Pasemos de esta anécdota coyuntural, al problema estructural. Mientras Estados Unidos lanza una nave espacial por todo lo alto, México da el banderazo a la construcción... de un tren. Sí, de un tren. La diferencia entre estos dos proyectos de nación, radica en que el gobierno estadounidense entiende bien la función que desempeña el empresariado en una misión de esta naturaleza, en tanto que el empresariado entiende también el papel del mandatario en el regreso de Estados Unidos a la carrera espacial. En México no, aquí el presidente y su gabinete impulsan la política pública del rencor en contra del empresariado. Por lo que crean sus propios indicadores, sus propios datos, sus propias empresas, sus propias licitaciones (directas) y sus propios beneficiarios. Es más, sus propios científicos y sus propias cifras, unas para que el pueblo debe seguir quedándose en casa y otras para que el presidente salga a hacer campaña. Duro golpe para quienes han defendido, tanto los títulos de los médicos especialistas como sus cifras.
México tiene un gobierno de vapor en pleno siglo XXI, si consideramos el dato del conservador y vituperado diario Reforma: La nave de SpaceX que acaba de lanzar Estados Unidos le tomará 19 horas llegar a la Estación Espacial Internacional, más o menos lo mismo que el presidente López Obrador tardará en ir de la CDMX a Cancún... en auto.
En 2006 la escritora Elena Poniatowska presentó lo que según ella y la pléyade de intelectuales de izquierda de chaqueta de pana con coderas, consideraban era un programa cultural para el ahora presidente. Aquel intento de propuesta, publicado en el semanario Proceso, era en realidad una oda al petróleo y al elote. Hoy están viendo su sueño hecho realidad.
El problema del populismo mediocre y acomplejado de la Cuarta Transformación, no es la bisoñez de sus operadores, sino su política pública de bajar el techo en lugar de subir el piso. A este paso, habrá toda una generación que crea que hemos subido un peldaño en la carreta espacial, al pasar de crédulos espectadores de una Agencia Espacial Mexicana, a diseñadores de trajes de astronauta. Por cierto, felicidades el emprendedor mexicano José Fernández por otro más de sus éxitos. Su talento y osadía le han permitido rebasar la barrera de la ciencia ficción y llegar al espacio. Espero que en México los trapiches, las bombas de mecate, el carbón, los elotes, la piña de miel, o ya de plano la música de Edmundo Gómez Moreno, mejor conocido como “Raymix” desde que renunció a la NASA, generen, si no bienestar, por lo menos algo de felicidad... a través de la cumbia

























