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miércoles, 26 de junio de 2019

El Consejo Asesor y la Reunión Nacional de Cultura


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El Consejo Asesor y la Reunión Nacional de Cultura 
Carlos Lara G.

Un Consejo sin consejeros y una Secretaría que los hereda
El 21 de abril de 2017 fue creado, no sé por qué ni para qué, el denominado Consejo Asesor de la Secretaría de Cultura. Y digo no saber por qué o para qué, debido a que durante 27 años el mal llamado Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, fue un Consejo sin consejeros; y ahora que es Secretaría, que nada obligaba a María Cristina García Cepeda a conformar un consejo, le dio por heredarlo, perdón, por conformarlo. Ahora, la atribución la tiene, pero la experiencia nos dice que no sirve de nada. Del actual -porque no sabemos si sigue vigente o no-, nunca se supo nada, siempre estuvo al margen de las discusiones en materia de presupuesto al sector, por ejemplo, de la ratificación del Tratado de Libre Comercio, de la maltrecha declaratoria de Octavio Paz, el polémico Premio Luz de Plata etc… Por tanto, una cosas es que sea una de las atribuciones de la Secretaría de Cultura, esa de crear consejos interinstitucionales y de especialistas, de acuerdo a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, pero otra es la pertinencia administrativa, política y cultural. Considérese que el argumento central del Acuerdo por el cual fue creado el citado Consejo era que resultaba conveniente, según dice el documento, establecer un Consejo Asesor para que el titular de la dependencia recibiera recomendaciones y sugerencias de especialistas en arte y cultura. Dicho Acuerdo establece la forma en que se integrará: presidido por la Secretaria y hasta 25 especialistas en las materias competencia de la secretaría, el Subsecretario de Desarrollo Cultural; el Subsecretario de Diversidad Cultural y Fomento a la Lectura; el Oficial Mayor; y el Jefe de la Unidad de Asuntos Jurídicos.
El Acuerdo otorga al Consejo la atribución de asesorar al Secretario sobre temas específicos de arte y cultura; presentar propuestas, recomendaciones y sugerencias para mejorar el desempeño de los programas de la Secretaría de Cultura; proponer acciones específicas para fortalecer los alcances de las atribuciones y facultades de la dependencia, y establecer un espacio de comunicación que permita retroalimentar los procesos de planeación y operación de los programas de la Secretaría. Bajo mi punto de vista, creo que si no funcionó en la pasada administración, en esta hay menos condiciones pudiera funcionar, ya que lo que no está en vías de extinción, está centralizado, los recursos, las acciones y hasta la opinión de los titulares. Sería un Consejo de ornato, con grandes nombres, lo mejor de la nomenclatura cultural del país, pero haciendo de jarrones etruscos.
La Reunión Nacional de Cultura que la Secretaría no quería
En las acaloradas discusiones, primero en Cámara de Diputados y después en el Senado de la República, con los verdugos de Consejería Jurídica de Secretaría de Gobernación, uno de los temas de mayor conflicto fue justo la Reunión Nacional de Cultura. Secretaría de Cultura no quería cargar con esa obligación en la Ley. Contrario a ello, los miembros del Consejo Asesor y del Grupo Redactor, considerábamos que era un espacio estratégico para la evaluación y reconducción de la política cultural con los titulares de cultura de todo el país. Fue así como quedó enmarcada en un capítulo que va del artículo 30 al 36, como un mecanismo de coordinación, análisis y evaluación de las políticas públicas nacionales en materia de acceso a la cultura y disfrute de los bienes y servicios culturales, así como espacio de promoción y respeto de los derechos culturales. Establecimos que la participación en la Reunión Nacional se realizaría de conformidad con los lineamientos que al efecto se emitan.
Además, que dicha reunión se efectuará una vez al año, en la sede que designe la Secretaría de Cultura con el propósito de proponer directrices de política pública nacional sobre el objeto de la presente Ley; presentar propuestas de proyectos de trabajo entre las instituciones federales y las entidades federativas; políticas de impacto cultural en comunidades y regiones que favorezcan la cohesión social, la solidaridad y la cooperación entre personas, grupos y generaciones, así como los asuntos que propongan los representantes y que por mayoría apruebe el pleno de la Reunión. Asimismo, que en el marco de la reunión, la Secretaría de Cultura daría seguimiento a los convenios y acuerdos alcanzados de conformidad con los lineamientos de operación que se emitan para tal efecto.
En esta reunión puede haber de todo, reclamos, estirones, ajustes de cuenta, solicitudes, acuerdos y desacuerdos. ¿Por qué no quería el anterior gobierno la Reunión Nacional de Cultura en la Ley? Primero porque tendría que cumplir con ello, lo que supone en la práctica, dar la cara y escuchar los reclamos de la ineficiencia en la entrega de recursos, coordinación e implementación de programas etc. Pero justo para eso se estableció en la ley como un espacio de encuentro que, una vez superadas las diferencias, presupuestales principalmente, funcione como un mecanismo de coordinación, análisis y evaluación de la política cultural del Estado mexicano.
En relación al Consejo, lo mejor que podrían hacer es desaparecerlo. O bien, presupuestar harto café y galletas para sus reuniones. Solicitud improcedente, lo sé, en la austeridad republicana de la cuatroté.

martes, 3 de abril de 2018

La memecracia vista por el INBA Carlos Lara G.


Siempre me ha atraído el análisis de la comunicación y la cultura por ser dos ámbitos dinámicos y apasionantes de incidencia mutua. Por ello, hoy hablaré acerca del apoyo brindado por el Instituto Nacional de Bellas Artes a un taller sobre “Memes”, a realizarse en las instalaciones del Museo Nacional. Sí, memes en el MUNAL, promovidos y avalados por el INBA. Lo haré, partiendo de la premisa de la pertinencia institucional de que el Instituto pueda hacerlo, así, tan relajadamente, si consideramos que su principal actividad, según su propia Ley Orgánica es “el cultivo, fomento, estímulo, creación e investigación de las bellas artes en las ramas de la música, las artes plásticas, las artes dramáticas y la danza, las bellas letras en todos sus géneros y la arquitectura”.

No es la primera vez que el INBA innova en el apoyo a la creación, solo que a mi juicio en esta ocasión se está pasando. En mi época de estudiante me apasionaba mucho la investigación de la comunicación; recuerdo que una de las primeras revistas a las que me suscribí fue Adcebra (hoy revista Merca2.0) En ella leí hace ya casi 20 años, un reportaje intitulado “Los artífices del octavo arte”, trabajo que hacía referencia a los promotores de la publicidad como arte, tema central de una especialidad avalada y reconocida por el INBA, curada por Rodolfo Rubio y Roberto Gómez, en la que participaban profesionales del medio como Clemente Cámara y Asociados, Lowe Lintas, Ibope, Radio UNAM, Televisa y Grupo Ferrer y otros más. La especialidad estaba orientada a creativos, directores de marca y emprendedores.

Esto era entendible, si consideramos que la publicidad es tan dinámica que en los primeros años del presente siglo adquirió un nuevo estatus, a partir de la implementación de estrategias novedosas que comenzaron a jalar la atención de instituciones poco asociadas a su entorno productivo, era el caso del INBA, que parte de su misión ha sido difundir las disciplinas artísticas y expresiones culturales más representativas de México y de otras naciones en nuestro país. Este tipo de respaldo institucional no le era del todo ajeno, pues cumple con la labor, también establecida en su ley orgánica, de organizar y desarrollar la educación profesional en todas las ramas de las Bellas Artes. 
Años más tarde, el INBA promovió y avaló un polémico diplomado en albures, organizado por el Centro de Estudios Tepiteños. A ver, hasta aquí todo esto me parece innovador por parte del instituto. Es más, en su momento yo mismo organicé con ellos en Guadalajara un coloquio en el que analizamos los “periqutes”, los “albures”, el “spanglish” y el “engañol”, como variantes del castellano.

Hace cinco años, y creo recordar que fue a iniciativa del escritor Alberto Chimal, el INBA apoyó también la Twitteratura. Sí, creación literaria en 140 caracteres; la iniciativa concitó  diversas opiniones de la mano de una gran convocatoria rica en creación de contenidos.
Sin embargo, hoy el INBA decide promover y avalar un taller de “Memes” en el Museo Nacional, impartido por la Escuela Nacional de Artes Memísticas y algo que se denomina Instituto Nacional de Bellos Memes, lo cual me parece absurdo por lo que esto tiene de tributo a la banalidad. Entiendo que hay mucho de creatividad en ello, de reapropiación y reproducción de los sentidos del mensaje, metalenguaje, metadiscurso, semiótica etc. Pero también mucho de inmediatez coyuntural de corte chafarrinoso, agresivo, evasivo y superficial. 
Bajo mi punto de vista, es algo más propio de una escuela de periodismo o comunicación, y  no algo que deba avalar el Instituto Nacional de Bellas Artes. Habrá quien piense distinto seguramente, pero como siempre, este es un punto de vista sin pretensión de ser verdad, sin más propósito que discutirlo y generar opiniones al respecto. En lo personal, considero que hay cosas más apremiantes que treparse al “tren del mame”. Pero los interesados en ver el contenido de dicho taller, pueden ingresar a la página: http://www.munal.mx/es/evento/museos-3.0