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viernes, 13 de septiembre de 2019

Los espacios culturales independientes, en medio de un solucionismo populista




Carlos Lara G.


En la Ciudad de México existen seis leyes relacionadas con la actividad cultural, en dos de ellas, la de espectáculos públicos y la de fomento a la cultura, podría establecerse un capítulo para enmarcar los denominados Centros Culturales Independientes, pero no, la legisladora Gaby Osorio quiere una Ley. Desde hace algunos años, un grupo de legisladores viene impulsando la creencia de que sus ideas deben ser plasmadas en la Constitución, por estar inspiradas en la necesidad del pueblo, y no admiten otro ordenamiento. Creen que es con leyes como se deben solucionar los problemas, y no admiten diagnósticos. Apuestan por la realización de foros en los que avivan la urgente necesidad de aprobar sus ideas. Estos ejercicios plebiscitarios están bien, pero estarían mejor si tuvieran diagnósticos y análisis sobre su pertinencia. Ahí tienen la Constitución de la ciudad, acabó siendo un catálogo de reivindicaciones, por este tipo de ejercicios y ocurrencias.
Entiendo que una de las principales razones por las cuales desean hacer una ley de espacios alternativos o independientes (aún no se ponen de acuerdo en cual de los dos términos quedaría), es que la burocracia existente los asfixia y no les deja operar, vamos, les da un trato de bar, cantina, centro de espectáculos etc. Sin embargo, están creando otra burocracia sin darse cuenta. Veamos, de las seis leyes existentes en la Ciudad de México relacionadas con la actividad cultura, dos de ellas pueden abrazar un capítulo con esta propuesta ¿Para qué crear una séptima ley? Plantean además crear una ventanilla única de atención ¿Sabrán que eso es discriminatorio? Pretenden también solicitar una carta de buena conducta vecinal a estos establecimientos ¿Saben lo engorroso que es esto? Y el colmo, proponen la creación de un consejo consultivo…Insisto, condenan la actual burocracia, pero generan otra.
Uno de los principales problemas es el conceptual y no es menor, no saben cómo denominar a estos espacios, si independientes o alternativos. Hasta donde sé, hay un común denominador en ambas denominaciones, y es que no solo esperan el reconocimiento de su existencia con esta suerte de acta de nacimiento que proponen, con la venia de los vecinos y del consejo, sino también apoyos económicos. Es verdad que no existe una licencia específica ¿Por qué no trabajar en ello? Quienes optan por denominarlos espacios independientes, albergando la idea al mismo tiempo de obtener apoyos económicos del gobierno, es como la paradoja del hijo que va de independiente, pero desayuna, come y cena en casa de los padres. Bajo mi punto de vista, deberían considerar que una ley es de observancia general, y este marco podría beneficiar a unos establecimientos más que a otros, ya por sus características, metros cuadrados etc… como por su actividad. Estos denominados ECI, por lo que he podido observar en artículos y estudios de algunos colegas, están en aproximadamente siete alcaldías, no en toda la ciudad. Por lo tanto, su creación y regulación, podría hacerse desde cada una de las alcaldías donde se encuentran. Sí, un reglamento diputada Osorio. Pero no, habrá de hacerse una ley más, para que se vea el tamaño del compromiso con este sector. Vaya forma de legislar, diría Porfirio.


martes, 25 de septiembre de 2018

La bravuconería de la izquierda en materia de cultura

La bravuconería de la izquierda en materia de cultura 
Carlos Lara G.
Pues sí, atrás quedó la presunción de ese interés por la cultura que suele mostrar (de boquilla) la autodenominada izquierda del país, ahora desdibujada por lo más freático del priismo y la ramplonería del integrismo cristiano del Partido Encuentro Social. Me pregunto ¿Dónde están las carcajadas de El fisgón y su historieta esa de La raíz nazi del PAN? ¿Dónde la indignación de los intelectuales y la comentocracia cultural que descalificaba el arribo de Fox a la Presidencia? ¿Dónde los defensores del Estado laico? Elenita y su pancarta de “No al PES”; Taibo y sus Revueltas…Hoy que lo tienen todo, sepultan (Por el momento), el mito aquel de René Avilés Fabila y adláteres, de que la izquierda era quien más quería a la cultura.
Un breve recuento de la historia de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, nos dice que la izquierda queda a deber (Esto si consideramos su bravuconería y ese gran discurso que por décadas le confirió el papel de guardián de la cultura nacional). Por ejemplo, la Legislatura LIV 1988-1991, que fue la primera Comisión de Cultura como la conocemos, estuvo presidida por Jaime Sabines y Fernando Córdoba Lobo, del Partido Revolucionario Institucional. Lo único que hizo dicho partido fue dejar de lado al sindicato magisterial que venía utilizando en las comisiones de educación y cultura, para ir por parte del sector intelectual y actoral del país[1].
La legislatura siguiente, LV 1991-1993, presidida por Abhum Idelfonso Sorrilla Cuevas, también del Partido Revolucionario Institucional, elaboró el primer programa de trabajo en el que destacó la protección y difusión del patrimonio cultural.[2] En la Legislatura LVI 1994-1997, la presidenta fue Dulce María Sauri, Osbelia Arellano y Florentino Castro del Partido Revolucionario Institucional. Centraron su atención en la protección y difusión del patrimonio cultural, así como en la publicación de trabajos especializados. Destaca el Primer seminario de derecho de autor, el tratamiento fiscal de la industria cultural y los autores; el instructivo contable para los autores; las mesas de análisis sobre política cultural y legislación, y la creación del Museo Legislativo.
En la Legislatura LVII 1997-2000, conocida como la legislatura de la alternancia, pues fue la primera en que el PRI no contó con mayoría en el Congreso, la Comisión de Cultura fue presidida por la actriz María Rojo; fue también la primera ocasión en que este órgano legislativo era presidido por un partido distinto, el Partido de la Revolución Democrática. Destacó por la realización de seminarios, foros y publicaciones; tales como  “Los que nos somos Hollywod”, el denominado “Caso Cuicuilco” y la realización y publicación de El quehacer de la cultura; experiencias estatales (Primer encuentro entre legisladores de los estados y agentes culturales del país). Destaca la presentación de la primera iniciativa sobre derecho de acceso a la cultura, que fue uno de los resolutivos del encuentro antes mencionado[3].
La Legislatura LVIII 2000-2003, fue nuevamente presidida por el PRI, representado por José Manuel Ceseña, quien apostó por la elaboración y presentación de un proyecto de Ley General de Cultura, que no prosperó. De la misma manera y con el mismo resultado, la legislatura siguiente, LIX 2003-2006, que tuvo a la cabeza a Filemón Arcos Suárez del PRI, intentó impulsar una Ley General de Cultura. Realizó el foro denominado “Hacia un parlamento de cultura” y comenzó la asignación de recursos adicionales al subsector (Los denominados “Etiquetados). La Legislatura LX 2006- 2009, presidida una vez más por el PRD, en la figura de Emilio Ulloa, trabajó a favor de la protección del patrimonio cultural, a través de numerosos puntos de acuerdo y retomó la Reforma Cultural al enmarcar en el artículo 4to., constitucional el derecho de acceso a la cultura.
La Legislatura LXI 2009-2012 fue presidida por Kenia López Rabadán (Primera vez que fue encabezada por el Partido Acción Nacional). Impulsó reformas a la Ley de Monumentos, el levantamiento del veto a la nueva Ley del Libro y la aprobación de un presupuesto histórico para el subsector (Tomando en consideración el periodo que va de la creación de la Comisión y del CONACULTA, al año 2012).
Para el periodo 2012-2015, la Legislatura LXII tuvo como presidenta de este órgano a la diputada Margarita Saldaña también del PAN, quien asumió los trabajos con el cambio de nombre de la Comisión, que adoptó los asuntos cinematográficos. Destacó por la presentación de reformas a la Ley Federal de Monumentos, por la presentación de una iniciativa para crear la Ley General de Cultura y otra, encaminada a establecer la Secretaría de Cultura, iniciativas que tampoco prosperaron. La legislatura que recién termina, la LXIII 2015-2018, terminar el proceso de la denominada Reforma Cultural, al sacar adelante la creación de la Secretaría de Cultura y la primera ley de cultura, la Ley General de Cultura y Derechos Culturales. Impulsó además la aprobación de un nuevo estímulo fiscal, el EFIARTES, que se suma el EFICINE y al EFITEATRO.
El desdén morenista a la cultura
Bajo mi particular punto de vista, Jorge Castañeda y Roger Bartra son quienes mejor relatan, el motivo por el cual los intelectuales de izquierda vomitaron la alternancia encabezada por Vicente Fox. Bartra analizó la paradoja del rechazo, odio, desprecio o animosidad de una parte importante de la intelectualidad nacional hacia Fox, en una cena contada por el primero entre ellos dos y Carlos Monsiváis, organizada por Gerardo Estrada en 2001[4], en la que se preguntaba por qué la intelectualidad mexicana no apoyaba al gobierno de Fox; por qué no se había incorporado al mismo; por qué lo abandonaba en manos de la derecha; por qué casi prefería que se transformara plenamente en un gobierno conservador en lugar de jalarlo hacia el centro, y, en algunos aspectos, hacia la izquierda. Es verdad, la autodenominada izquierda no hizo más que lamentarse y documentar las frivolidades del sexenio. Detestaban a Fox por razones lógicas y hasta comprensibles, como afirma Castañeda, la principal era la enorme desilusión que para muchos significó el hecho histórico de que la salida del autoritarismo en México se diera por el centro-derecha y el PAN, y no por una izquierda.
Otra de las razones fue su origen. Era el primer presidente de la república salido de las filas del PAN, pero no propiamente un panista formado en la tradición política de este instituto, sino un personaje que agrupaba todo tipo de males para la izquierda: mocho, empresario y empresariófilo de la productora de las aguas negras del imperialismo; que rompió los valores sobreentendidos de la política en ámbitos como la religión, el patrioterismo anti yanqui, que adoptó a Madero y no a Juárez, que no rindió culto a la Revolución y fue en contra del paternalismo estatal. De lo inculto y mal hablado ya no hablamos (Y lo que son las cosas, lo sustituyó otro más inculto y ahora llega otro aún más). No le perdonaron el hecho de no haberse rodeado de personas que lo cuidaran de su ignorancia, o por lo menos la disimulara, como era la costumbre en Los Pinos. Algunos agradecemos, por lo menos, no haber echado mano de la tradicional cooptación que solía hacer el gobierno a la comentocracia intelectual del país, para que fungiera como correa de transmisión. Una práctica ya en decadencia.
En uno de sus primeros discursos en materia de cultura, Fox sostuvo la vieja idea vasconcelista de realizar una “Revolución cultural”, de la misma manera que ahora Andrés Manuel habla de una Cuarta Transformación… La cultura en el PAN era algo totalmente ajeno a lo implementado por Fox; contrastaba por mucho con su gobierno, o mejor dicho, con el de Los Amigos de Fox, que llegaron al poder sin referentes claros que la definieran, sin cuadros en este campo, sin un discurso coherente ni interlocutores con la comunidad cultural. Igual que Andrés Manuel, o mejor dicho, su Coalición Juntos Haremos Historia, que no es ni por asomo lo más granado tampoco de la social democracia, sino un batiburrillo de ideologías, donde destaca la ignorancia, y en el ámbito que nos ocupa, sin cuadros que sepan de Administración Pública de la Cultura, eso sí, conserva lo mejor de los agoreros del país, buenos para hablar, escribir y recitar lo que, según ellos, debe hacerse en cultura. El acto más osado que han tenido hasta el momento, ha sido oponerse a que un actor como Sergio Mayer encabece la Comisión de Cultura, quizá porque creen que esto refrenda su estatus de intelectuales, pero todo queda ahí. Estos guardianes de la catedral de la cultura, siempre a la espera de ser informados de cómo se gobierna, han acabado como cronistas de un pesimismo irresponsable, alérgico a la operación política; un pesimismo que no se la juega, que no emprender acciones eficaces para hacer valer su condición intelectual. Su audacia termina en la publicación de un desplegado que los coloca como abajofirmantes, y en el mejor de los casos como mesarredonderos.
Haber dejado la Comisión de Cultura y Cinematografía en manos de un partido rémora que creció en las axilas de la también autodenominada Cuarta Transformación, es poco más que un desdén de la izquierda a la cultura. Un mal mensaje. Esperemos que en el fondo, en la dirección de las acciones, el presupuesto, la política cultural y las estrategias de gestión, esto quede en una anécdota y demuestren un verdadero interés que los ponga al corriente con esa historia que tanto han pregonado. Por el momento el mensaje es claro, donde esté el poder, que se quite la cultura, ese elemento decorativo ligeramente estorboso.



[1] La política cultural en México surgió al mismo tiempo que la Comisión de Cultura en el Congreso de la Unión, hoy Comisión de Cultura y Cinematografía. Fue en la Legislatura LIV (1988-1991) y estuvo presidida por el poeta Jaime Sabines. Debido a que tuvo que renunciar casi de inmediato por problemas de salud, y a que no existe registro alguno en la Comisión sobre el trabajo realizado, podemos decir que no hubo acciones relevantes.
[2] En los archivos de la Comisión figura también como presidente el diputado Luis Danton Rodríguez
[3] La propuesta establecía este derecho en el artículo 3ro., constitucional; después, siendo Senadora volvió a presentar esta misma propuesta pero establecida en el artículo 4to.

miércoles, 1 de marzo de 2017

La fallida entrega del Oscar, un caso de Phubbing de alfombra roja


La fallida entrega del Oscar, se debió a un problema de Phubbing de alfombra roja. Carlos Lara G.

Lo ocurrido en la fallida entrega del Oscar a la mejor película del año, fue un problema de Phubbing de alfombra roja. Veamos, el Phubbing, es un padecimiento digital que consiste en menospreciar o ignorar a la persona o personas que nos acompañan, por prestar mayor atención al Smartphone u otros dispositivos electrónicos. El Smartphone de Brian Cullinan fue el distractor que generó el problema ya que, por estar tomando fotografías a las celebridades para su cuenta personal de Twitter, lo que no le dio tiempo de romper el sobre, como indica el protocolo como parte sustancial de su actividad en la entrega, y terminó dándolo de forma equivocada, colocando el error por encima de cualquier discurso, opacando las alusiones al Presidente Trump, generando sentimientos encontrados entre los repartos de las películas y la audiencia en general; convirtiendo la 89 entrega de los Oscar en una ceremonia que será recordada por este error involuntario generado por el Phubbing de alfombra roja. Es verdad que Brian Cullinan es un viejo lobo de mar en la empresa PricewaterhouseCuppers, lleva colaborando en ella 19 años y tres en la entrega de los Oscar, pero también es verdad que la tecnología de su Smartphone no es la misma de 2014; digamos que es un arma corta de largo alcance, que le permite estar en contacto con sus seguidores en tiempo real, lo cual, estando en un evento tan glamuroso, fue imposible aguantarse la comezón. Dicho error de Phubbing de alfombra roja, es una muestra de cómo este padecimiento puede manchar la imagen de una empresa que lleva 83 de los 89 años, manteniendo la integridad de la entrega de estos prestigiados premios.    
El término Phubbing, se compone de las palabras Phone y Snubbing, que lleva a la gente a privilegiar la conexión por encima de la convivencia. Este padecimiento digital ha comenzado a generar serios problemas de convivencia familiar, de atención escolar y de prevención social, en grado tal que gobiernos como los de Holanda y Alemania se han visto en la necesidad de colocar semáforos en el piso para phubbinautas que son incapaces de dejar de mirar sus Smartphones. En Holanda comenzaron una prueba piloto en Bodegraven, para bajar los accidentes que generan los phubbinautas, debido a que las cifras iban en aumento, particularmente en los cruces peatonales. Dicho semáforo consiste en una barra de luces led en la calle, que ilumina en verde para que las personas crucen y en rojo para que se detengan, esto de forma sincronizada con los semáforos comunes. En Augsburgo Alemania, el sistema fue incorporado por el momento en dos paradas de tranvía utilizadas principalmente ¿Por quién creen? Por jóvenes estudiantes; las luces rojas parpadean cuando viene un tranvía y el semáforo para los peatones se pone en rojo. Estos semáforos están en fase de prueba, pero el punto no es si van a resolver o no el índice de accidentes, sino lo alarmante que resulta la forma en que los gobiernos comienzan a adaptarse a estos padecimientos digitales.
Lo anterior es un ejemplo de cómo en ambos casos, el Phubbing de alfombra roja y el Phubbing social, pueden llevar a manchar el prestigio de una empresa, incluso a la muerte respectivamente.   

viernes, 11 de septiembre de 2015

Curso de estrategias de gestión cultural en Mexicali B. C.


La última semana agosto de 2015 participé como ponente en el Diplomado en Gestión Cultural, organizado por el Instituto de Cultura de Baja California, en la ciudad de Mexicali. Una semana calurosa e intensa de trabajo con los directores de las principales áreas del Instituto y algunos participantes de la comunidad cultural.






Realizamos diversas entrevistas con medios de comunicación, con el apoyo del área de comunicación del Instituto, para promover la presentación del libro La reforma cultural, el pendiente de la transición democrática y la alternancia política, misma que llevamos a cabo en las instalaciones del Centro de las Artes de Mexicali. Los comentaristas se mostraron interesados en el tema, particularmente en lo que puede y debe hacer la cultura para generar un desarrollo más armónico e integral en la sociedad.

De la presentación del libro y las reflexiones hechas con motivo de la misma, dio cuenta la prensa de la ciudad. Acudieron tanto los integrantes del diplomado, como el director del Instituto de Cultura de Baja California, el director del Centro de las Artes de Mexicali y un diputado local interesado en desarrollar el tema de la reforma cultural.


 
Urge reforma cultural en México: Carlos Lara    
El experto presentó su libro “La reforma cultural: El pendiente de la transición democrática y la alternancia política” en CEART Mexicali.
 
Es necesaria una reforma en materia de cultura en México, declaró el analista de comunicación y cultura Carlos Lara González, durante la presentación de su libro “La reforma cultural: El pendiente de la transición democrática y la alternancia política” en la Sala de Conferencias del Centro Estatal de las Artes (CEART) de esta ciudad. El libro destaca cómo se encuentra actualmente el estatus jurídico del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, en base a la relación que sostiene con otros organismos de la administración pública federal; la promoción de la cultura en el contexto de la denominada mundialización, y la rectoría del Estado en la materia. Basándose en el artículo cuarto de la constitución donde menciona que todo mexicano tiene derecho a la cultura, en el libro se expone cómo en 15 años no se ha logrado reglamentar ese derecho, que también es una necesidad para el mexicano.
La obra incluye un listado de diversos proyectos y propuestas que se han presentado en 15 años sobre la creación de un marco jurídico; bajo el argumento de que hoy la cultura ha mostrado ser uno de los ámbitos que más prestigio ha dado al país en el extranjero y que más cohesión social ha generado al interior, desde el contexto del México independiente. También se analiza detalladamente la política cultural del gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto, mediante elementos cualitativos y cuantitativos, así como la cultura en el nuevo paradigma constitucional, a través de las reflexiones teóricas, a partir de las reformas constitucionales en materia de derechos humanos de junio de 2011, y finalmente propone una reforma cultural integral para que el subsector cultura esté en mejores condiciones de desarrollar la tan anhelada política cultural del siglo XXI.
El autor destacó que de hace unos años a la fecha se hay inyectado mucho dinero para saber cómo es el consumo de cultura en México, siendo que ese presupuesto se puede inyectar a la producción o a la promoción de la cultura. Además que “se quiere utilizar la cultura en México para regenerar el tejido social que se ha dañado por los problemas, tanto económicos como sociales del país, sin embargo, aún no se ha creado una ley general de cultura y un reglamento para marcar las responsabilidades, de la federación, del estado y del municipio”, señala el experto. 
Cabe mencionar que Lara González se encuentra impartiendo el Seminario Políticas Culturales en el Instituto de Cultura de Baja California, para funcionarios, promotores y gestores de Tijuana (la semana pasada) y Mexicali. La sede en la capital del estado es el Centro Estatal de las Artes Mexicali, iniciando el lunes 24 para concluir este sábado 29 de agosto de 2015.  
 
Otras notas:
 
 
 

lunes, 9 de febrero de 2015

Abre el Conaculta el diálogo con algunos “culturólogos”

Abre el Conaculta el diálogo con algunos “culturólogos”

Semanario Proceso, sección cultura Judith Amador Tello, 4 de febrero de 2015
http://www.proceso.com.mx/?p=395005

MÉXICO, D.F. (apro).- Hace más de un año, el 14 de diciembre de 2013, al reinaugurar varias salas del Centro Cultural Jardín Borda de Cuernavaca, Morelos, Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), causó controversia con sus declaraciones: “El trabajo cultural es de todos los días, con acciones concretas como son exposiciones, conciertos, presentaciones y ediciones de libros, los apoyos a los artistas, hay que olvidarnos ya de que la política cultural solamente es una retórica para unos cuantos estudiosos y culturólogos que encarnan este pensamiento que desvía la atención de lo que tenemos como principal obligación: ofrecer una vida cultural y artística de gran calidad para todos los mexicanos.”
Acompañado del gobernador del estado, Graco Ramírez, el titular del Conaculta inauguraba entonces las exposiciones La naturaleza herida, de Manuel González Serrano: Apuntes de naturaleza, de Olga Costa; y Ciudades visibles, de Miguel Ángel Madrigal, por lo cual algunos consideraron sus expresiones anteriores como fuera de lugar.

Varios estudiosos le respondieron. El investigador Carlos Lara G., autor del libro Voces, ecos y propuestas para la agenda cultural del siglo XXI. 25 años de debate, lamentó en una entrevista con el semanario Proceso que para Tovar la tarea cultural sea “propiciar actos, hechos, eventos culturales que vayan directo a la población”. A decir suyo eso muestra que el titular del Conaculta se asume como “un administrador de eventos culturales y no como el conductor de la política cultural del Estado”. Añadió entonces: “Me apena tener que recordarle que se administran bienes y se gobiernan personas; en ese sentido, lo que requiere el país es un gobierno, no una administración; una política cultural y no un simple calendario de eventos; un político cultural como usted, con su vasta experiencia y conocimiento en la materia, y no un gerente de exposiciones.” El investigador insistió en que toda acción cultural, aun la más mínima, debe estar enmarcada en una política cultural y en un diálogo con la comunidad artística e intelectual y la sociedad en su conjunto.
Unos días después de lo dicho por Tovar, el periodista y estudioso de la cultura, Eduardo Cruz Vázquez dedicó –con un dejo de ironía– “a los estudiosos y culturólogos que desvían la atención, según Rafael Tovar”, una de sus columnas que escribía en el diario El Economista, titulada “Que la ola reformista alcance al sector cultural”.

Siempre sí…
Finalmente, el Conaculta creó en 2014 el llamado Grupo Interdisciplinario en Políticas Culturales en la página web www.politicasculturales.mx, “un sitio –dice– en el que reconocidos expertos estimulen el debate y la generación de ideas a través de una visión integradora y con un enfoque académico, de acuerdo con los principios establecidos internacionalmente para la realización de las políticas culturales”. Pero el debate no está abierto a todos los temas. No existe, por ejemplo, un apartado dedicado a la “Reforma cultural” o el “Estatus jurídico del Conaculta”. Los rubros están marcados así:
1. “Cultura para la armonía”. Aquí se encuentran textos relacionados con el programa homónimo, implementado por el Conaculta en el estado de Michoacán, con el propósito de “colocar a la cultura como una estrategia y mecanismo de cohesión social” (Cabe recordar que este programa se inició por instrucciones expresas de Enrique Peña Nieto, con una inversión de 470 millones de pesos).
2. “Políticas culturales”. Apartado en el cual se cuestiona el sentido de “las distintas acciones gubernamentales relacionadas con la cultura”. Es decir, las políticas culturales encargadas de “proteger, estimular, enriquecer y gestionar en favor de la cultura, como son prácticas, producción de bienes y servicios culturales; la preservación de la identidad y patrimonio cultural de la sociedad”. Se busca aquí conocer el desarrollo de las políticas culturales a lo largo de la historia del país.
3.“Industrias culturales”. Donde se revisan las condiciones en que se han desarrollado las industrias culturales, su impacto en la sociedad y su vínculo con otros ámbitos de la vida cotidiana, entre otras cuestiones. Se señala que su importancia radica en que el conjunto de actividades “de producción, comercialización y comunicación en gran escala, están marcando tendencias muy importantes, no sólo por el impacto en distintos niveles (local vs global), o por su articulación en las dinámicas de mercado, sino también en la construcción de relaciones sociales, familiares y de consumo novedosas”.
4. “Miradas (o Encuentros) internacionales”. Es el espacio para conocer la experiencia de otros organismos en el mundo en torno a las políticas culturales.
Vienen al final sendos espacios para reseñas, comentarios y videos, donde se pública una entrevista de Carlos J. Villaseñor Anaya, al arquitecto Alfredo Pérez Armiñán, subdirector de Cultura de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
…pero no con todos
Es necesario decir también que en este espacio de discusión no están tampoco todos los estudiosos o “culturólogos”. Participan sólo un puñado de investigadores. Eso hace que algunos de ellos repitan con textos en los diferentes rubros:
El doctor en antropología social, Eduardo Nivón Bolán, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, escribe del programa “Cultura para la Armonía y su aplicación en Michoacán”, pero también presenta los textos “Los 20 años del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) y la política en México”, “El mundial de futbol: cultura y protesta social”, “¿Hacia dónde va la política de patrimonio cultural?”, “Cultura y proyecto nacional. México frente al caso Puerto Rico” y “Los responsables de la programación cultural. El Sistema Nacional de Cultura en Brasil”.
A su vez, la especialista en políticas públicas, Carmen Pérez Camacho es autora de los ensayos “Medir la cultura ¿para qué?”, “La lectura como promotor de un cambio social”, “El futuro de las bibliotecas públicas”, y “La gestión cultural como estrategia de desarrollo: actores y niveles clave de intervención”.
También colaboran en este sitio del Conaculta: Andrés López Ojeda, doctor en ciencias antropológicas de la UAM-Iztapalapa; Valeria Carmona, maestra en análisis político por la Universidad Complutense de Madrid; Carlos J. Villaseñor Anaya, quien ha sido consultor en cultura en varias instituciones de México y del extranjero; el sociólogo y filósofo Rafael Mesa Iturbide; el economista Ernesto Piedras; y Rossana Ponzanelli Velázquez, doctora en sistemas y ambiente educativos por la Universidad de Guadalajara Virtual.
No se explica en el sitio web cómo se eligieron a estos especialistas y no a otros. La exclusión de gente que puede enriquecer el debate cultural siempre ha sido cuestionado y puede argüirse que de cualquier modo no se dejará satisfecha a la mayoría.
Debate, ¿para qué?
Se recordará que a punto de concluir su periodo como presidenta de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, la panista Kenia López Rabadán creó el Consejo Asesor del Marco Jurídico de la Cultura en México, el cual quedó conformado por Lucina Jiménez, Jorge Sánchez Cordero, Renato González Mello, Eduardo Cruz Vázquez, Renán Guillermo González, Hilda Trujillo y Rafael Mesa Iturbide (sólo éste participa ahora en el foro de debate del Conaculta).
En febrero de 2013, ya con la diputada Margarita Saldaña como presidenta de la Comisión de Cultura, el consejo se modificó, quedaron Sánchez Cordero, Lucina Jiménez, Cruz Vázquez, Hilda Trujillo, Cecilia Lugo, Deborah Holtz, Alfonso Arau y Víctor Ugalde.
En la primera mesa de trabajo del consejo, en julio de 201, el jurista Sánchez Cordero advirtió: “Los tiempos de la cultura tienen su propio ritmo y son tiempos totalmente independientes de los tiempos políticos; no admiten ser subordinados a los tiempos e intereses políticos. Una legislación (la cultura) de esta importancia merece un proceso de maduración y de reflexión.” Lo cierto es que este hasta el momento no se ha llegado a un acuerdo, ni siquiera del sentido que debe tener la discusión de las políticas culturales: Ser el marco teórico de las acciones culturales, tratar de establecer un marco legal, una reforma jurídica del sector. Hay quienes han intentado guiar el debate hacia la pertinencia o no de crear una secretaría de cultura, de establecer un marco jurídico al Conaculta o crear una ley general de cultura. El historiador de arte Renato González Mello dijo entonces que habría que evitar “la tentación” de que una legislación en particular se convirtiera en el centro de la discusión del consejo asesor. Sobre esos temas no se ha pronunciado el Conaculta y no hay textos en su sitio web referidos a una ley general de cultura, el marco jurídico del Conaculta o una reforma integral.
El Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (Grecu), fundado por Cruz Vázquez con apoyo de la UAM-Xochimilco, ha propuesto una reforma integral del sector cultural. Sus integrantes, entre quienes se pueden mencionar a Alejandro Ordorica Saavedra, Antonio Mier Hugues, Carlos García de Alba, Héctor Garay, Patricia Chavero y Tomás Ejea, no participan en el sitio del Conaculta. Tampoco se han incluido ahí textos de otros investigadores, tal vez antagónicos entre sí o coincidentes pero ampliamente conocidos por sus aportaciones al debate: Lourdes Arizpe, Bolfy Cottom, Leonel Durán, Felipe Echenique March, Iván Franco Cáceres o Néstor García Canclini, por mencionar sólo algunos.
Y no hay participación de los trabajadores del subsector cultura. Cuando se inició la labor del Consejo Asesor de la Comisión de Cultura, apenas logró entrar al salón un pequeño grupo de trabajadores de los institutos nacionales de Antropología e Historia (INAH) y el de Bellas Artes (INBA), la mayoría se quedó afuera y participó de una protesta.
Mario David Acevedo, representante del INAH, expresó entonces que no estaban representados en ese consejo, y reiteró el temor que han expresado a lo largo de más de dos décadas de que se apruebe una legislación sin la consulta a las instituciones del sector, creadores, divulgadores, promotores, trabajadores, grupos culturales, investigadores, pueblos indígenas, comunidades y sociedad en general.
Eso resume el tamaño de la exclusión del nuevo sitio de reflexión del Conaculta.
 

 

sábado, 25 de octubre de 2014

El égola inoculado de los BookTubers

Como todo lo ensalzado por las industrias de la moda y del aligeramiento efectista de la cultura, la industria editorial y los medios de comunicación, han presentado a partir de su presencia en la Feria del Libro de Monterrey, a los denominados BookTubers (jóvenes que recomiendan libros a través de YouTube a cambio de dinero, estímulos o regalos editoriales), como los nuevos críticos literarios. Nos hablan de una profesión emergente que, en efecto, comenzó como parte del uso de su tiempo libre de estos jóvenes. El número de “likes”, el rating de las redes sociales, los hizo visibles para la industria y comenzaron a recomendar libros a petición de parte. Estamos ante un movimiento de redes sociales cuyo modelo de negocios se encuentra aún en etapa embrionaria, no así el  ego que comienza a caracterizar a sus protagonistas, que está ya inoculado. Pocas posibilidades tienen de ocupar el privilegiado lugar de los críticos literarios, quienes han fungido como filtros y guías de los lectores, y para ello han tenido que pasar la mitad de su vida leyendo, estudiando, investigando y escribiendo. Por ello me parece demasiado apresurado el ensalzamiento que los medios y la industria editorial hace de esta tendencia, de este pasatiempo juvenil; en particular la forma en que lo convierte rápidamente en negocio y logran hacer que una parte de los lectores lean por encargo las recomendaciones editoriales de jóvenes sin el estudio, preparación y experiencia de los verdaderos críticos literarios. Este ensalzamiento es el que ha generado más escritores que lectores, como diría Emmanuel Carballo. Está apuntalando una cultura que es parte ya de los pilares que sostienen la actualidad humana en su existencia contemporánea, esto es, el sistema financiero, los medios y la digitalización de la sociedad, así como una tendencia social en la que es mejor mostrar que explicar, en particular en el mundillo de las redes sociales, donde reina la publicación del estatus. Aquí es donde reside el éxito de los BookTubers, en la publicación del estatus. Todo esto en el marco de una cultura que ha dejado de ser un estimulante, como bien apunta Bauman, para convertirse en un relajante. En mi opinión, estamos ante un grupo de screenagers que de momento puede aspirar a traducir las obras de Jordi Rosado, y de todos aquellos cantantes juveniles que la industria ha lanzado como escritores, screenagers que deben aprender a inhalar el helio que inyecta la industria editorial y los medios del infotainment, sino quiere nmorir a causa del égola que esto produce.

sábado, 11 de enero de 2014

¿Qué tipo de sociedad tecnológica queremos?

Uno de los ejemplos que suelo utilizar con los alumnos para explicar la convergencia tecnológica y el desarrollo de las tecnologías de la información es la manera en que solían contestar el teléfono fijo nuestros padres; decían “bueno, quienes”. Hoy decimos “dónde estás”, debido a que la tecnología nos permite saber quién es el que habla y que puede estar en cualquier parte de la ciudad, del país o del mundo. Así vivimos hoy, en medio de la aceleración del tiempo y la reducción del espacio.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) comenzó a discutir la Ley de Geolocalización que permite a la Procuraduría General de la República (PGR), a través de los ministerios públicos, localizar a los usuarios de celulares involucrados en investigaciones de delitos graves. Cuatro de los 11 ministros mostraron su apoyo a un proyecto cuestionado por la Comisión Nacional de Derechos Humanos, organismo que ha promovido un recurso de invalidez. Sin embargo el tema es claro, la ministra Luna Ramos ha argumentado atinadamente que la reforma no viola el derecho humano a la privacidad de una persona, ya que la ley sólo faculta a la procuraduría a localizar aparatos, pero no a iniciar una intervención de las llamadas, cateo o detención de una persona. El mayor rechazo a esta medida es que la PGR puede exigir a los operadores de telefonía móvil el rastreo del aparato celular. Me pregunto qué tipo de sociedad queremos cuando también se cuestiona la publicación de las listas de morosos que ha hecho públicas el Servicio de Administración Tributaria. Quienes están en contra, sostienen que la medida viola la Constitución y la Ley de Datos Personales; ignoran que el Código fiscal no forma parte de los derechos fundamentales.
Lo mismo ocurre con la denominada ley Beltrones, también conocida como Ley Amprofon (por haber sido elaborada a partir de los intereses de la Sociedad de Autores y Compositores), que por cierto contraviene puntos fundamentales de la Estrategia Digital anunciada por el gobierno de la república. La iniciativa busca detener la distribución de contenidos en línea que infrinjan derechos de autor y propiedad intelectual mediante el castigo a infractores con el bloqueo al acceso a Internet, multas y cárcel. Sus detractores señalan que coarta el derecho a la libertad de expresión, inhibe la innovación y frenar la inclusión tecnológica de la sociedad, pues faculta al Instituto Mexicano de Propiedad Industrial (IMPI) a investigar de oficio o mediante solicitud una presunta infracción para iniciar el procedimiento administrativo. Insisto, qué tipo de sociedad queremos.
En lo personal considero que en nombre del derecho a la libertad de expresión y a los datos personales se pueden cometer muchas injusticias. Prevalece la idea de que en la red no debe haber espacio para la ética y la deontología de otros derechos. Así fue rechazada en su momento la Ley SOPA y su símil presentada por el Senador Federico Doring; tampoco gustó la promovida por el diputado Armando Baez, orientada a gravar dispositivos digitales de almacenamiento (el canon digital). Y no gusta nada de esto porque la cultura del todo gratis y la visión conspirativa de una parte de la sociedad nos han llevado a pensar que la ilegalidad debe ser tolerada. Insisto, qué tipo de sociedad queremos para el siglo XXI. El siglo pasado la simbiosis del hombre fue con la naturaleza, hoy es con la tecnología, eso tiene un costo muy grande que debemos saber asumir.

martes, 12 de febrero de 2013

"El reto, superar la miopía cultural" Carlos Lara G. (Nota El Economista)

En cultura, la cuestión a superar es un asunto de enfoque. Para Carlos Lara, coautor junto con Eduardo Cruz Vázquez del libro 1988-2012. Cultura y Transición, que se presentó este martes, para lograr un cambio cultural relevante que oriente al país en una perspectiva de desarrollo es importante, primero que nada, vencer la “miopía cultural”. “El subsector cultura padece una miopía que le impide ampliar la mirada. Hoy, la cultura ya no es solamente la parte simbólica y antropológica, tienes esas vetas, pero también la jurídica, la productiva y la distributiva. Las nuevas tecnologías nos hablan de la necesidad de voltear la mirada hacia otros ámbitos de la función pública”, opina en entrevista el investigador universitario. Por citar ejemplos, Lara comenta: “Cuando se va a reformar la ley de monumentos, brincan todos los antropólogos, se rasgan las vestiduras, que es una ley perfecta e intocable, amenazan con hacer huelga… cuando se va a reformar la ley del libro, los escritores, la gente de la industria editorial, lo mismo, a rasgarse las vestiduras como gremio…, todos por gremios, y no se dan cuenta de que se aprueba la ley Monsanto o la ley Televisa y ésas son muy dañinas, pero no lo ven así porque para ellos la cultura y lo que hacen se restringe a su marco jurídico y, entonces, esa miopía no los deja ver que la política cultural está en áreas como el turismo o la hacienda pública”.

EL PRIMER GRAN RETO PARA TOVAR Y DE TERESA

De aprobarse la propuesta que envió el pasado viernes el presidente, Enrique Peña Nieto, para su discusión en el Congreso de la Unión, en la cual se destinaría en el 2013 un total de 5,069 millones 162,097 pesos para el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), reducción de 37% con relación al 2012, Carlos Lara ve un primer gran reto para el nuevo Presidente del instituto cultural, Rafael Tovar y de Teresa, a quien considera un hombre de amplia experiencia y cuya aceptación del cargo califica como “un acto de generosidad porque él ya había hecho su tarea. “La primera prueba de fuego que tiene es la reducción del presupuesto a la cultura de acuerdo con la propuesta del presidente Peña Nieto, que es una reducción significativa y allí reside su primer reto. Se va a encontrar con nuevos retos, estructuras, leyes y modelos, como los etiquetados, que no existía antes y son una mala costumbre. “Este año se presentaron arriba de 1,000 proyectos, la Cámara de Diputados los etiqueta a través de la Comisión de Cultura, pero con eso está metiendo un desorden a la política cultural de nuestro país porque vienen alcaldes, gobernadores, directores de museos, todo tipo de promotores culturales, y gestionan esos recursos y si logran que se los etiquete, ya nada más pasan a Conaculta a cobrarlo, pero si ese dinero, en cambio, entrara directamente a Conaculta, se destinaría con una visión de política cultural a través de un diagnóstico [...] le arrebatas al Consejo la facultad que tiene para dirigir la política cultural del país y se convierte en una ventanilla de pagos”.

Y LO QUE SIGUE

Interrogado sobre otros asuntos prioritarios en el subsector, Lara comenta: “Lo primero es ordenar los criterios con los cuales la Cámara etiqueta esos recursos. Hoy por hoy, tenemos una cifra de millones de pesos que jamás los había tenido el Conaculta. “Lo segundo es que exista una ley general de coordinación cultural, donde se establezca qué debe hacer la Federación, los estados y los municipios en materia de cultura. “Y el tercer punto sería repensar la cultura en el contexto de la posmodernidad, lo cual implica hacer un ejercicio para verla en sus tres esferas fundamentales: la antropológica (cómo la definimos), la jurídica (verla como un derecho, ya que el Artículo 4 de la Constitución así la reconoce) y la simbólica. Ese cambio o ese giro implica, necesariamente, pensar la cultura asociada al desarrollo, como la están pensando las organizaciones internacionales, como la UNESCO. “Se trata de romper con esa visión miope y hacer políticas transversales, una agenda para impulsar la recreación, el esparcimiento y el tiempo libre. La política cultural debe trascender la barrera de los espectáculos y proyectarse como eje estratégico del desarrollo humano e integral, que la gente tenga dónde recrear su identidad, que los niños y jóvenes tengan dónde jugar. Eso es parte fundamental de lo que tiene que hacer la cultura y no solamente seguir trayendo grandes eventos que, por otro lado, solamente se pueden ver en ciertas ciudades y, por ejemplo, nuestra capacidad no da para que llegue a todos lados la mal llamada Orquesta Sinfónica Nacional”.

REPLANTEAR UNA POLÍTICA REGIONAL

“Por lo mismo, también se debe replantear una política regional que garantice la presencia y el acceso a bienes culturales en la mayoría de los municipios. El gran reto es ser capaces de habilitar espacios para la cultura, pero como parte de una verdadera política, no como esas orquestas de TV Azteca en plan teletón, sino una verdadera política cultural que ofrezca el derecho al acceso a la cultura a todos los mexicanos”.