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martes, 23 de octubre de 2018

Día del gestor cultural, vale cultura, tarjeta rosa, economía naranja y otras ingeniosidades


Día del gestor cultural, vale cultura, tarjeta rosa, economía naranja y otras ingeniosidades
Carlos Lara G.

Por más de dos décadas he visitado las diversas capitales del país y sus aún más diversas comunidades,  gracias a la cultura. Me siento afortunado por ello. Cursos, seminarios, talleres, debates, foros, presentaciones de libros, mesas redondas etc. Analizando, debatiendo y dando más vueltas que forma a las bases, líneas, teorías y fundamentos de la denominada gestión cultural, y no dejo de constatar dos cosas. Por un lado el gran entusiasmo que despierta esta práctica (quisiera decir profesión pero aún no lo es), y por el otro, la poca especialización en la gran mayoría de campos que abraza, a saber, diseño e implementación de políticas culturales, legislación cultural, economía creativa, gestión de recursos, patrimonio cultural, turismo cultural, programación de festivales, marketing y emprendurismo cultural etc. Sin embargo, contagiados quizá por la buenaondez que generan los actos fundacionales del revisionismo perspectivista que estamos viviendo en las redes socioculturales, no acabamos de dar forma a la profesionalización, cuando vemos propuestas como esa del primer encuentro de gestoras culturales (no imagino una gestión cultural con perspectiva de género, pero sí a lo mejor un debate entre la pertinencia de la Tarjeta Rosa en lugar del Vale Cultura). Y qué decir de la idea de tener un día dedicado al gestor cultural. Bueno pues antes de que alguien proponga que sea de los gestores y las gestoras, comparto tres reflexiones.

Primera. Creo que debemos comenzar siendo, por lo menos, más auténticos en esta práctica, para poder ser más profesionales. Lo digo porque las ansias de visibilidad hacen parecer al gestor cultural como legislador de los de ahora, de esos que legislan revisando las notas periodísticas cada mañana, para ver qué iniciativas presentan. Por tanto, tenemos legisladores y gestores culturales de ocasión, compradores de todo lo que aparece en los medios y las redes socioculturales. La economía naranja, por ejemplo, tan de moda en el BID y en Colombia, en este país, debido, entre otras cosas, a que su actual presidente escribió un artículo en un libro sobre el tema. En México hay colegas que quieren adoptarla casi como la tarjeta rosa, sin detenerse a pensar que en nuestro país, esa economía para la cual eligieron el segundo color del espectro solar, se llama “empresas culturales”, así está establecida en la Ley de la micro, pequeña y mediana empresa, y son empresas que deben tener un régimen especial y muchas otras cosas más, pero partiendo de esta base. Es así como en la reflexión académica, en los foros de gestores y promotores culturales, así como entre los abajofirmantes y mesaredonderos de la cultura, se adoptan estas tendencias sin contextualizarlas a nuestra realidad cultural, jurídica y fiscal. Así nos han venido de Colombia pues, con la ciudadanización de la cultura, la movilidad y ahora la economía naranja, de España con las industrias sin chimenea y el peso en taquilla para el cine; de Estados Unidos con las industrias del entretenimiento, de otras partes del mundo con las industrias culturales y de la Unesco con la economía creativa. De Francia nos vinieron en su momento con el mítico 1% a cultura, la excepción cultural y la ley de mecenazgo; de Brasil con el Vale Cultura y la Acupuntura Antropológica, y más recientemente de Argentina con el día del gestor cultural. Se olvida aquí lo que bien advierte el maestro Alfons Martinell: las políticas culturales son contextuales. Se olvida también que el pensamiento mágico está peleado con la técnica jurídica y las disposiciones fiscales, y se hace creer a la gente que existen derechos como el derecho a la movilidad (en todo caso lo es el derecho al libre tránsito), y de este falso derecho desprenden otros como el derecho a la ciudad. Solo diré que el Vale Cultura quedó como quedó en la Ley General de Cultura y Derechos Culturales, debido a una ocurrencia y al desconocimiento de nuestro contexto. Por ello, creo que es mejor comenzar a llamar las cosas por su nombre y entender las tendencias señaladas en su contexto cultural, en su marco normativo y a partir del régimen fiscal establecido en cada país. Tarea de gestores culturales.

Segunda reflexión. La afición a todo y la especialidad en nada concreto que caracteriza a la mayoría de los denominados gestores culturales, incluso a los químicamente puros, que han estudiado la licenciatura y la maestría en gestión, afecta a la práctica misma, puesto que solo beneficia a los empleadores de una serie de servicios relacionados con la cultura, así, en lo general. Al no haber profesionalización en las diversas áreas de la gestión cultural, no solo no se reconoce como profesión, sino que se abarata el trabajo y el talento de los agentes culturales, en particular el de quienes se esfuerzan por dominar y desarrollar un tema en específico, porque siempre habrá un pocholo dispuesto a cobrar menos, y un empleador llamado a ofrecer menos aún. El problema que veo, es que en lugar de contribuir a apuntalar esta práctica mediante la profesionalización, el gestor cultural tiende a hacer lo mismo que el artista que opta por el arteobjeto o la instalación y se dice artista, pero no sabe dibujar un dorso o unas manos desde lo figurativo.

Tercera reflexión. Hasta donde sé, Jalisco fue el primer estado donde se constituyó un Colegio de Gestores Culturales, un esfuerzo derivado de la maestría en Gestión y Desarrollo Cultural de la Universidad de Guadalajara, una de las mejores del país en su género, de las primeras en formar gestores culturales químicamente puros, y que este año va por la octava generación. La Universidad de Sonora es sede también de un colegio denominado Colegio Mexicano de Gestión Cultural A. C. Pues bien, el problema es que no desarrollan la actividad sustancial de la colegiación que es, entre otras, la especialización a través de la actualización y certificación del conocimiento, en las áreas sustantivas que componen este vasto universo llamado gestión cultural. Conozco más el primer esfuerzo, el del colegio impulsado por la maestría en Gestión y Desarrollo Cultural de la Universidad de Guadalajara, he sido parte de esta maestría como profesor de la materia política y legislación cultural. Es una maestría y un Colegio en los que cifro la esperanza de poder desarrollar la gestión cultural como una profesión, entre otras cosas porque cuenta con el respaldo de la Universidad de Guadalajara, universidad que ha desarrollado un Modelo de Gestión Cultural Parauniversitario, que es referente nacional e internacional, en cuyos eventos se han involucrado estratégicamente los egresados de esta maestría.

Creo que el 3er. Encuentro Nacional de Gestión Cultural, celebrado este año en la ciudad de Mérida, bajo el título “Aportes de la acción cultural a la Agenda 2030 del desarrollo sostenible”, era una oportunidad para poner en el centro del análisis la profesionalización, como aportación a este horizonte estratégico, en lugar de seguir confeccionando una vitrina interminable de experiencias desde lo local, lo comunitario, lo regional, lo universitario, lo nacional, lo global…Y lo mismo para los observatorios, conversatorios, las redes de gestores culturales universitarios, independientes, gubernamentales, infantiles, juveniles, bioculturales, veganos etc. Pues nada, que se echa en falta el gestor cultural profesional. Insisto, es necesario apostar por la colegiación e iniciar por la formación antes que por la afición, la formación en competencias profesionales y mediáticas, de lo contrario seguiremos teniendo aficionados a todo y especialistas en nada.  Quienes me conocen, saben que no es mi estilo tratar de endulzar el oído de nadie, no ando en busca de cursos, ni materias, ni alumnos, ni seguidores de Facebook. Digo las cosas como las veo y puedo estar equivocado. Sigo viendo porristas mentales que desde la gestión dicen a los gestores ¡Venga chicos vamos bien, sigamos construyendo universos simbólicos, tejidos sociales, ciudadanías pluriétnicas, nociones de comunidad, diálogos interculturales…Lo cual está muy bien, pero deberían también motivarles a la profesionalización, porque esa misma falta de experiencia y profesionalización que exigimos en los legisladores y en el funcionariado cultural del país, es la misma que falta en los denominados gestores culturales.

miércoles, 22 de agosto de 2018

El ocio digital y la economía naranja. Del ocio al negocio

El ocio digital y la economía naranja. Del ocio al negocio 

Carlos Lara G.

Hace aproximadamente ocho años, el gobierno español decidió declarar los videojuegos como Bien Cultural, esto luego de que España vivía una penosa fuga de cerebros, que terminaba por vender su Mindware en Estados Unidos para después convertirse en consumidor de lo que en realidad producía. Es verdad que sigue habiendo fuga de cerebros, pero algo ha logrado esta política pública, y es contener dicho fenómeno y robustecer su mercado dentro y fuera de sus fronteras. Hoy está en la cresta de la ola de esta industria. Encontró y supo aprovechar este importante nicho en el mercado mundial. 

El día de hoy, el diario El País, publica una nota del periodista Ángel Luís Sucasas, titulada  “España en la cima del videojuego”. Lo hace al reseñar el inicio de Gamescom, la feria de electrónica y consumo interactivo en el mundo, con alrededor de 350 000 asistentes. En este marco, el Ministro de Cultura y Deporte, José Guirao, representante de España como país invitado a la décima edición de Gamescom, dijo que los videojuegos son impulsores de valores e ideas, igual que las películas y los libros para apoyar el ocio digital como manifestación cultural.

Otra de las novedades es la aparición de Amazon en este lucrativo campo interactivo, luego de adquirir Twitch, un popular canal de streaming de videojuegos. Pero Netflix no se quiere quedar atrás, por Ángel Luis Sucasas, sabemos que, hace un par de meses anunciaba una vacante para un profesional del videojuego con gran experiencia que asumiera el tender puentes con estudios del sector para trasladar sus propiedades intelectuales al ruedo interactivo. La oferta laboral ya no está disponible. Lo veremos pronto pues en este terreno, seguramente. 

Véase la nota completa de Ángel Luis Sucasas en:



En Colombia, por allá de 2004 comenzaba a realizar estudios sobre la aportación del Café al PIB nacional, estudios que lograron poner a este sector en el centro de la agenda política y atraer más recursos. Posteriormente comenzó a hacerlo con las denominadas industrias culturales (Economía Naranja la laman ahora). Es verdad que ha destacado en este sector a nivel continental. Hoy tiene un presidente que sabe del tema, que ha escrito un libro con el economista Felipe Buitrago en 2013 titulado La Economía Naranja, sobre las oportunidades de América Latina para monetizar sus industrias culturales. Es un joven presidente que desea llevar a Colombia por este sendero. El pasado mes de junio el periodista Andrés Oppenheimer publicó un artículo en El Nuevo Herald, en el que narró la entrevista a Iván Duque. Señala que una de las cosas que más le llamó la atención de Iván Duque, fue su propuesta de convertir las actividades culturales de su país en una de sus grandes industrias de exportación. En el citado libro, los participantes demuestran que las industrias culturales han crecido exponencialmente en todo el mundo, pero América Latina —a pesar de sus talentos— solo representa el 1.7 por ciento del comercio mundial de bienes y servicios culturales.
Debo decir que en lo personal,, al igual que Oppenheimer, me agrada la idea de Duque de convertir a Colombia -el país de Gabriel García Márquez, Fernando Botero, Shakira y Juanes– en un gran exportador de bienes y servicios culturales.
Véase el artículo de Andrés Oppenheimer en el siguiente link: https://www.elnuevoherald.com/noticias/sur-de-la-florida/article213103464.html


Un reporte reciente de la Revista Portafolio de Colombia, destaca que las Industrias culturales le aportan más al PIB del país que el café. De acuerdo con la Cuenta Satélite de Cultura del Dane (La entidad responsable de la planeación, levantamiento, procesamiento, análisis y difusión de las estadísticas oficiales de Colombia), de 2005 a 2017 la participación promedio en la economía fue del 1,1%. En 2016 movió 6,2 billones de pesos. Las actividades económicas derivadas de la generación de contenidos, que dependen del talento humano y que se protegen bajo la impronta de los derechos de autor, se denominan industrias culturales.
Véase el reporte de la Revista Portafolio del mes de agosto 2018 “‘Industrias culturales le aportan más al PIB del país que el café”. Disponible en: http://m.portafolio.co/negocios/industrias-culturales-le-aportan-mas-al-pib-del-pais-que-el-cafe-520236

Y qué decir de India, que en lugar de alimentar el miedo a lo distinto, encontró su vocación en el desarrollo del software, o Islandia, que después del colapso financiero de 2008 se subió al vagón de su industria creativa, y que a diferencia del Sur de Europa, donde los recortes presupuestales y el incremento en el pago de los impuestos marcaron al sector cultural, apostó por el sector, a partir, por ejemplo, de la interpretación de encuestas que demostraban que un 70% de los jóvenes se decantaba por la música. 

Es verdad que México tiene su propio régimen fiscal y que también la economía creativa reporta un importante ingreso al PIB, somos un el país líder continental en elementos que constituyen este tipo de economía. La pregunta es ¿Qué hacemos con eso?