Carlos Lara G.
Conservo gratos
recuerdos de infancia en los que el televisor nos unía en torno a un programa, por
malo que fuera, una película, recreaba la visita de algún familiar, o bien, hacía
solo de banda sonora de alguna conversación. Sí, conversación, eso que nos ha
arrebatado la tecnología. En aquella escaza, carente y decadente programación
televisiva, descansaba el poder de convocatoria del ahora descontinuado televisor,
que lograba reunir a la familia. Paradójicamente las pantallas actuales, con su
enorme riqueza y diversidad de contenidos tienen al mismo tiempo un poder
disolvente, entre otras cosas porque hoy es posible tener una en cada
habitación, con una programación de contenidos diferenciada, personalizada. Por
tanto, nuestra comunicación actual, dice el analista camerunés Dominique
Wolton, es tecnológicamente más más rica, pero humanamente más pobre.
Nuestra evolución
(o involución, según se mire), en ese tránsito de homo sapiens a Phonosapiens,
nos han llevado a estar permanentemente conectados a un dispositivo móvil para
atender el trabajo y las redes sociales. Dentro de esta conexión permanente encontramos
el contenido relajante de plataformas como Netflix, y si es en compañía de
nuestra pareja, aún mejor, pues puede ser el único momento del día en que estemos
realmente juntos y no conectados. Si decidimos ver una serie y esta resulta
enganchadora, la conversa pasa a segundo plano; la emoción sube de tono después
del tercer capítulo y esto hace que exista una especie de pacto tácito entre los
dos para no tomar la delantera en los capítulos siguientes, si alguno de los
dos llega a quedarse dormido, tiene demasiado trabajo o debe salir de viaje, ya
que los dispositivos actuales de comunicación móvil lo permiten. Para este
nicho de consumidores televisivos, que necesitan hacer esa fidelidad manifiesta,
una empresa británica de helados, ha desarrollado un par de anillos para que la
series seleccionadas solo puedan ser vistas estando juntos y no por separado. Funciona
mediante una aplicación que bloquea los episodios cuando los anillos no están
juntos, por tanto, habrás de esperar a tu pareja para continuar la serie. Una suerte
de castidad o renovación de votos ante la pantalla para las nacientes familias
de la era Netflix, que promete aligerar el trabajo de los juzgados civiles, en
la también era de los divorcios exprés. Si consideramos que la comunicación
masiva es cada vez más personalizada, incitar a la “convivencia” en pareja,
mediante estímulos condicionados puede tener mérito. Que levante la mano quien no haya tenido un problema con su pareja por adelantar capítulos. Vamos, esto podría ser causal de divorcio en grado de tentativa.
Este par de anillos
que evitan caer en la infidencia televisiva, funcionan con la tecnología denominada Near
Field Communicattion (Comunicación
de campo cercano) que sincroniza con la plataforma de video-streaming seleccionada. El
sistema es inalámbrico, de
corto alcance y alta frecuencia, lo que permite el intercambio de datos entre
dispositivos. Es el mismo sistema que utiliza Apple Pay de Apple y aquellos
servicios de pago, programas de fidelización a clientes, crédito en el transporte
público. En este caso Netflix, Hulu, Amazon Prime Video son algunas de las plataformas con las que funcionan
estos anillos de fidelidad televisiva. Supongo que quienes los compren prometerán
mutuamente ver sus series favoritas juntos por siempre, en la salud, en
la enfermedad, amándose y agasajándose todos los días de su vida, hasta que las
radiofrecuencias los separen. Es más, podrían programar la descarga de la
aplicación para que se activase al decir al unísono: sí, acepto.
Este nueva relación marital, nos muestra una feseta
más de la endocolonización de la que hablaba Paul Virilio hace algunas décadas,
cuando decretaba que la evolución del hombre había llegado a su fin, como la
conocíamos, en el momento que el cuerpo humano fue invadido por la tecnología.
Solo que en la actualidad no es necesario endocolonizar el cuerpo, hoy se hace
a través de la tecnología ponible (wearable technology). Seguramente los anillos
serán un complemento de la tecnología corporal y los matrimonios cada vez más llevaderos
por este tipo de estímulos condicionados. Seguramente se venderán como moneda
social, y la gente los comprará por el estatus que conferirán de consumidores
de series televisivas conyugalmente responsables.
No
sé ustedes, pero cada vez me convenzo más de la necesidad de volver a hacer
simbiosis con la naturaleza y dejar a la tecnología que haga lo que bien sabe
hacer, resolver problemas sociales. La tecnología puede ser una herramienta a
nuestro servicio, pero no; nos empeñamos en ser nosotros quienes estemos al servicio
de ella. La vida en pareja puede ser más sencilla y divertida, más cuando se
trata de convivir a partir del entretenimiento, y no solo a partir de un
entretenimiento condicionado.
