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domingo, 25 de septiembre de 2016

Carta a Rafael Tovar y de Teresa

Tres son los hechos que nos motivan a hacer llegar por este medio, al titular de la Secretaría de Cultura Rafael Tovar y de Teresa, y a su Director Jurídico, Luis Cacho, una reflexión en voz alta en torno a su pretendida Ley Reglamentaria de Cultura. El primero de ellos, es que según hemos constatado y advertido en los foros de consulta para la elaboración de la Ley de Cultura, particularmente en los realizados en las ciudades de Puebla y México, que la pretensión de la Secretaría de Cultura es impulsar una Ley Reglamentaria de los artículos 4° y 73 de la Constitución, haciendo una interpretación, a nuestro juicio, limitada de lo que es posible hacer hoy, tomando como base las reformas constitucionales de junio de 2011 en materia de derechos humanos; reformas que cambiaron el paradigma constitucional de México en esta materia. Esto nos ha llevado a plantear la necesidad de proponer una Ley General de Cultura y no una Ley Reglamentaria. ¿Cuál es la diferencia? Veamos.
Tomando en consideración lo determinado por nuestra Constitución; que los derechos humanos contenidos en los tratados internacionales ratificados por el Estado mexicano, forman parte integral del bloque de constitucionalidad de los derechos humanos; y considerando también, que nuestra jurisprudencia y la jurisprudencia emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos es obligatoria para los jueces mexicanos siempre que SEA MÁS FAVORABLE A LA PERSONA, argumentos que en su conjunto constituyen, bajo nuestro punto de vista, el parámetro del control de regularidad constitucional, por lo que proponemos se legisle en materia de cultura bajo estos principios. En otras palabras, pretender regular mediante una Ley Reglamentaria sólo el derecho de acceso a la cultura establecido en el artículo 4º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, resulta a nuestro juicio una propuesta limitada, pues no reconocer que este derecho fundamental es inherente a la dignidad de la persona humana, y que en virtud de su naturaleza de derecho fundamental, debe interpretarse armónicamente con los principios de universalidad, indivisibilidad, interdependencia y progresividad a que se refiere el párrafo tercero del artículo 1º de la Constitución; debiéndose además garantizar tanto su acceso, como su participación sin discriminación alguna y respetando su máxima expresión (tanto en lo individual como en lo colectivo). Es así que la propuesta de Ley Reglamentaria que impulsa la Secretaría de Cultura deja de lado la armonización sistemática de este derecho fundamental con otros, lo que sí garantizaría un acceso pleno a los derechos culturales, al disfrute y al ejercicio de los mismos. Una Ley Reglamentaria representa, creemos, un despropósito de las autoridades culturales con el compromiso y responsabilidad que ostentan, a partir de las citadas reformas constitucionales en materia de derechos humanos. Deja pasar la oportunidad de reconocer en un instrumento legal que el derecho a la cultura se incluye dentro del marco de los derechos fundamentales; de ahí que sostenemos que el Estado, a través de los poderes públicos, debe garantizar y promover la libre emisión, recepción y circulación de los bienes y servicios culturales, tanto en su aspecto individual como elemento esencial de la persona, como en el colectivo y social, dentro del cual está la difusión de múltiples valores, entre los que destacan los históricos, las tradiciones, los populares, las obras de artistas, escritores y científicos, y muchas otras manifestaciones del quehacer humano con carácter formativo de la identidad individual, social y nacional.
Nuevamente, como enfatizamos en los foros de consulta, señalamos que la Constitución se reformó, como bien apunta la Suprema Corte de Justicia de la Nación, “para incluir expresamente a los derechos reconocidos en los tratados internacionales como parte del catálogo de derechos que gozan de protección constitucional, lo cual se armonizó con la reforma en materia de amparo que reconoció la procedencia del juicio para reparar las posibles violaciones cometidas a dichos derechos”.
Insistimos en que el artículo 1° constitucional exige una interrelación sustantiva de los contenidos constitucionales y tratados internacionales para efectos de reconocer y, por tanto, respetar, proteger, promover y salvaguardar los derechos humanos en cualquier legislación secundaria. Pretender, como sugiere la Secretaría de Cultura, impulsar una Ley Reglamentaria, es desconocer los alcances y beneficios para la protección de los derechos culturales, de nuestro patrimonio cultural, de nuestros artistas y de la actividad cultural en general. Es perder la oportunidad de ofrecer, no sólo a la comunidad cultural, sino a la sociedad en general, verdaderas condiciones de desarrollo humano. La propuesta de la Secretaría de Cultura es corta de miras, pues no dimensiona los propósitos de una Ley General (entiéndase Constitución) ¿Por qué limitarnos a reglamentar sólo un derecho, cuando podemos armonizar de manera interdependiente y progresiva el derecho a la cultura con el resto de derechos fundamentales con los que convive de forma indivisible? Consideramos que es necesaria una Ley General de Cultura que abrace el orden jurídico superior de carácter nacional, integrado por la Constitución, las leyes generales y los tratados.
No concebimos la manera en que la Secretaría de Cultura pretende, a través de una Ley Reglamentaria, simplificar la responsabilidad que comparte con los poderes públicos del Estado, mediante la cacareada transversalidad de la que habla tanto en el Plan Nacional de Desarrollo como en el Programa Nacional de Cultura y Arte, esa responsabilidad de garantizar el derecho fundamental que toda persona tiene de acceder a los bienes y servicios culturales, así como el ejercicio de sus derechos culturales, así como al fomento y defensa del patrimonio cultural. Por cierto, su mal entendido “Federalismo cultural” plasmado en los cuatro informes de gobierno, reduce esta figura jurídico administrativa a la simple firma de convenios marco de colaboración con las entidades federativas. Si verdaderamente queremos establecer un federalismo cultural en el país, debemos impulsar una Ley General de Cultura.
El Secretario de Cultura y el director jurídico de la misma, están obligados a saber que, a partir de las citadas reformas constitucionales en materia de derechos fundamentales, la validez plena de todos y cada uno de los ordenamientos secundarios en la materia, deben ser concebidos de manera armónica y coherente con la Constitución (material y formal). En síntesis, que en este nuevo paradigma constitucional que estamos viviendo en México, la figura de la pirámide jerárquica es ya insuficiente; hoy se requiere pensar el orden jurídico como una red, como bien han apuntado los Ministros de la Corte.
El segundo hecho que nos lleva a escribir estas líneas al Secretario de Cultura y al Director Jurídico de la misma, es que el desarrollo de la denominada Reforma Cultural se ha dado en medio de un proceso enrevesado. El derecho de acceso a la cultura enmarcado en la Constitución, establece la necesidad de aprobar una ley (que aún no tenemos). La Secretaría de Cultura fue aprobada antes que esta ley que no tenemos. El Presupuesto 2017 ha sido entregado a la Cámara de Diputados sin contar con la aprobación del Reglamento de la Secretaría de Cultura. Es verdad que algunas partes de este proceso corresponden al Ejecutivo y otras al Legislativo, pero solo a condición de aceptar que ha llegado el momento de poner orden en el sector cultural. El tercer hecho es el que más nos anima a levantar la voz. En 2009, cuando se aprobó la reforma constitucional que estableció el derecho a la cultura, se nos dijo que era en esos términos o no se aprobaba, aceptamos. En 2015, cuando fue aprobada la Secretaría de Cultura, se nos dijo que era en esos términos o no sería aprobaba. Aceptamos. Hoy, con la Ley de Cultura intentan decirnos que es en los términos de una Ley Reglamentaria o no se aprueba. Sólo que esta vez no nos quedaremos callados.

Carlos Lara G. y José M. Hermosillo

jueves, 28 de enero de 2016

Secretaría de Cultura, una reflexión a seis manos

Hace diez años leí con especial interés Democracia cultural, un diálogo a cuatro manos entre dos destacadas promotoras de la cultura, la dramaturga Sabina Berman y la antropóloga Lucina Jiménez. Hoy pongo a trabajar las mías, motivado por las reflexiones que han puesto en común las citadas promotoras en el marco de la creación de la Secretaría de Cultura. Coincidimos en lo fundamental, en la democratización de la cultura como ámbito regenerador del tejido social, así como en la actualización del reloj de las políticas culturales. Lo que comporta una sistematización jurídica de este ámbito como derecho. La denominada Reforma Cultural, que inició en 2009 con el establecimiento del derecho de acceso a la cultura en la Constitución, cuenta ahora con un nuevo órgano garante que ha adquirido rango de Secretaría; ya sólo falta la aprobación de una Ley General de Cultura para sistematizar de manera armónica este derecho.
En este proceso de reforma cultura que vivimos en el país, tanto Lucina Jiménez como Sabina Berman han retomado las ideas centrales de Democracia cultural, enriquecidas desde su formación profesional, oficio y particular aprecio por la cultura y su difusión. La primera, a través de un decálogo, de cuya primera parte tomo la metáfora de “actualizar el reloj de las políticas culturales”. En ella sintetiza desde una perspectiva antropológica que la cultura no la crean, ni la distribuyen las instituciones. Este ámbito, nos dice, “existe y vibra en la vida misma, con o sin, o a pesar de las instituciones públicas, privadas o civiles”. Asimismo, desde una perspectiva de función pública, advierte que no todo aquello que late en la cultura es o debe ser sujeto de política pública. Es aquí donde reside la pertinencia la creación de la Secretaria de Cultura. Suscribo su invitación a dejar de considerar a los artistas como los únicos interlocutores o interesados en la política cultural y el señalamiento de que la Secretaría no debe tener como fin, el establecimiento de lo que  es legítimo en cultura y lo que no. Entre otras cosas porque considero que estamos ante un ente administrativo encargado de hacer que sucedan los actos culturales. La pertinencia y legitimación de la agenda cultural será tarea del Consejo que habrá de conformarse, con facultades deliberativas.
Para Sabina Berman la pertinencia de una Secretaría de Cultura, descansa en la posibilidad de hacer que el arte y la cultura lleguen a todos, a partir de la revisión del flujo de cada especialidad artística. En llevarla a todos sin distinción de clase y volverla parte de lo social, a través de una difusión extensa e inteligente. En hacer que el consumo de las acciones culturales subsidiadas por el Estado trascienda a la comunidad de creadores. En identificar y extraer los tapones que generan un embudo institucional en cada disciplina; en eso que alguna vez la antropóloga Lourdes Arizpe denomino plomería cultural.
En lo personal considero que desde un punto de vista jurídico-administrativo, la cultura no sólo se administra, sino que se planea y se legisla, desde luego no como fenómeno, sino como derecho. En ese sentido, la Secretaría de Cultura implica un rediseño institucional, encaminado a hacer más ágil las acciones de los poderes públicos y por ende, el tan anhelado derecho de acceso a la cultura a todos los mexicanos. Lo anterior comporta la sistematización de la base jurídica de este derecho; por tanto no falta en este proceso de Reforma Cultural una Ley General de Cultura. Un incumplimiento constitucional de los legisladores, pues desde 2009 el artículo 4to., señala: “La ley establecerá los mecanismos para el acceso y participación a cualquier manifestación cultural” ¿Cuál ley? La que aún no tenemos. Ahora bien ¿Para qué una Ley de cultura? Para hacer valer jurídicamente (No antropológicamente) nuestro derecho a ella, para exigir y demandar en su caso, a los poderes públicos del Estado el acceso pleno a este derecho ¿Qué debería contener la Ley? Entre los aspectos fundamentales, la reglamentación de lo establecido en los artículos de la Constitución en materia de cultura; los principios de la política cultural del Estado mexicano; los tramos de responsabilidad de lo que toca a la federación, entidades federativas y municipios en la materia; un Consejo Nacional de Cultura facultado para tomar decisiones de manera consensuada y deliberativa. Asimismo, dar rango de ley al Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y al Programa Especial de Cultura y Arte, así como establecer un Sistema Nacional de Cultura, un esquema de delegaciones estatales o regionales; su relación con los consejos locales y los mecanismos de participación de los sectores social y privado en la promoción de la cultura y las artes, entre otros tantos rubros. Es verdad que la democratización de la cultura y la efectividad de sus bondades en el terreno social no se dan por decreto, pero sólo a condición de aceptar que la base jurídica imprime solidez institucional a la política cultural, y al mismo tiempo, es una herramienta ciudadana para exigir el cumplimiento de este derecho fundamental.
El rompimiento del ombliguismo y la miopía cultural que nos tiene haciendo promoción y gestión cultural para una comunidad de creadores, debe pasar por una base legal. Abrir el cauce del arte y la cultura a los ciudadanos, como propone Sabina, y pasar de la cultura en abstracto a la vida cultural, como señala Lucina, exige el rediseño jurídico e institucional de nuestra política cultural. Un rediseño jurídico a lo Vasconcelos, quien en su tesis Teoría Dinámica del Derecho, decía que legislara era hacer práctico el derecho. Debemos hacer práctico el derecho a la cultura y trasladar sus bondades al ámbito de lo social. Si estamos de acuerdo en ello, la primera pregunta de los creadores y promotores, no es entonces ¿Qué hará el Estado por nosotros? sino ¿Qué hará éste a través de nosotros por la sociedad? Sin duda, un planteamiento que requiere más de seis manos.

Artículo publicado en el diario El Universal el sábado 23 de enero de 2016
http://www.eluniversal.com.mx/entrada-de-opinion/colaboracion/carlos-lara-g/cultura/2016/01/23/secretaria-de-cultura-una-reflexión







lunes, 21 de diciembre de 2015

Foro sobre Secretaría de Cultura realizado en Cámara de Diputados


Debe tomar en cuenta la importancia de la participación de los pueblos indígenas

Necesario contemplar cuidado del patrimonio histórico y fortalecer derechos laborales de trabajadores del INAH e INBA

07-12-2015.- Expertos en materia de patrimonio histórico y cultura, entre ellos arqueólogos y antropólogos, pidieron a la Cámara de Diputados que en la elaboración de la Ley que crea la Secretaría de Cultura incluyan la transversalidad en rubros como el educativo y el turístico, así como el cuidado y protección de bienes y patrimonios de la humanidad, declarados por la Unesco.
Llamaron a garantizar la protección de los derechos laborales de los trabajadores de diferentes áreas que, aseguraron, en algunos casos tienen 20 años bajo el régimen de honorarios, sin contar con derecho alguno. Pidieron al Legislativo a reforzar la participación de los pueblos indígenas en este proyecto de marco jurídico, así como el fomento de sus tradiciones y riqueza gastronómica, ya que ayudaría a combatir problemas de sobrepeso y desnutrición.
El presidente de la Comisión de Cultura y Cinematografía, diputado Santiago Taboada Cortina (PAN), indicó que la Secretaría de Cultura es necesaria, pero deben recogerse las opiniones de quienes desarrollan y crean la cultura en el país.
Juan Antonio Meléndez Ortega, diputado del PRI, indicó que la creación de dicha instancia beneficiará al país, sobre todo a los artistas y sus familias. “Es importante que a través de la Secretaría de la Cultura se dé, además, seguridad social para los exponentes musicales”.
“Hay mucha gente que vive del arte musical y desde la nueva dependencia federal se deberán impulsar estímulos para los exponentes nacionales, muchos de ellos muy lastimados en su patrimonio”, consideró.
Del mismo grupo parlamentario, la diputada Araceli Guerrero Esquivel comentó que la creación de dicha secretaría debe ser un hecho consensado para que rinda los frutos esperados. “Será una institución que, además de fomentar la cultura, fortalecerá la educación de los mexicanos”.
La diputada priista María Angélica Mondragón Orozco señaló que la cultura no es un tema de colores, “hay que nutrirlo con propuestas y llevar a cabo acciones”.
Para el funcionamiento de esa dependencia, se le deberá dotar de presupuesto suficiente “a la altura de las necesidades culturales y será responsabilidad de los legisladores realizarlo”.
Del grupo parlamentario del PRD, diputada Cristina Gaytán Hernández, consideró que la cultura lleva muchos años en espera de la construcción de herramientas que la impulsen de forma eficiente.
“Estas consultas son necesarias para crear una ley en la materia, generar una buena política cultural y caminar hacia un desarrollo cultural a nivel nacional”, refirió.
La senadora Blanca Alcalá Ruiz (PRI), presidenta de la Comisión de Cultura, dijo que este grupo de trabajo legislativo recogerá cada una de las inquietudes que los expertos han vertido para incluirlas en el nuevo marco jurídico.
Se dijo a favor de construir la Ley General de Cultura que le dé el andamiaje a la secretaría en la materia. “Estaremos cerca de ustedes para que no se quede como una oportunidad de fin de año, sino como el compromiso de los años que vienen”.
Para el senador Luis Humberto Fernández Fuentes, integrante de la Comisión de Cultura, no se trata de hacer sólo una secretaría, sino su diseño institucional y constituir las soluciones del Estado mexicano para los temas culturales.
Reconoció que existe tensión funcional entre las instituciones del ramo que quieren ser autónomos, pero a la vez requieren de mayor coordinación, porque no hay espacios laborales, ni un mercado abierto para los egresados de las escuelas de los diferentes institutos culturales.
Durante la primera Mesa -Patrimonio cultural y material-,el arqueólogo del INAH, Eduardo Matos Moctezuma, dijo que existen empresas y personas que utilizan la cultura para beneficio propio, mediante construcciones cercanas a las zonas arqueológicas de Monte Albán, en Oaxaca, o en el caso de Teotihuacán, una de servicios establecidos en su interior.
La presidenta del Conservatorio de la Cultura Gastronómica Mexicana, Gloria López Morales, pidió que de aprobarse una nueva secretaría, ésta se enfoque en darle transversalidad al patrimonio cultural con otros órganos de gobierno, y que autogeneran sus propios recursos, dándoles un gran valor estratégico.
Del mismo organismo, su vicepresidenta, Sol Rubín de la Borbolla, lamentó que no se haya tomado en cuenta la cocina tradicional de las distintas regiones de nuestro país, como parte de las políticas públicas y programas sociales enfocados al combate del sobrepeso y la desnutrición.
El poeta y escritor bilingüe náhuatl-español, Natalio Hernández, exigió incluir a los pueblos indígenas en los antecedentes para la creación de la Secretaría de Cultura, y en la consulta, a todos los involucrados en la materia y no sólo a los especialistas, pues de lo contrario sólo se crearía una instancia burocrática.
Pidió que la Cámara de Diputados realice foros regionales por todo el país para conocer las propuestas de todos los interesados.
El etnólogo Sergio Raúl Arroyo planteó que la nueva dependencia haga un trabajo de conciliación laboral, mediante la elaboración de un diagnóstico de la actual situación de los empleados de los diversos institutos culturales. “Hay trabajadores que llevan más de 20 años cobrando como honorarios, sin contar con derecho alguno”.
El secretario de Cultura del DF, Eduardo Vázquez, consideró que debe ponerse en marcha una política transversal que incluya al resto de áreas de gobierno. “La cultura tiene que ser el cuarto pilar del desarrollo y un objetivo junto con la sustentabilidad y la economía”.
El capacitador nacional de CONACULTA, Carlos Lara, resaltó que la cultura es un derecho que reconoce la Constitución y el cual la Corte ha afianzado mediante diversas resoluciones, por lo que con o sin ley, sin secretaría o con ella, ya existen bases para garantizar este derecho; no obstante, enfatizó, se requieren ajustes.
“Celebro que la cultura sea un tema de Estado y ya no de gobierno”, expresó.
Mara Robles Villaseñor, doctora en Cooperación e Intervención Social, de la Universidad de Oviedo, España, precisó: “esta Ley General de Cultura es imprescindible, aunque su proceso de creación podría llevar hasta dos periodos de sesiones ordinarias”. Urgió a hacer una verdadera fusión del binomio educación y cultura, para que en todas las escuelas del país los alumnos tengan clases de música, canto y danza, para generar sociedad.
Del Sistema Nacional de Investigadores, Eduardo Nivón Bolán señaló que hay que aprovechar la experiencia de las instituciones actuales, que tienen décadas de labor, y, sostuvo que deben preservarse los institutos especialistas en sus áreas, como INBA e INAH, entre otros. Reclamó depurar los errores que contiene la actual iniciativa.
El presidente del Consejo Académico de Interactividad Cultural y Desarrollo A.C., Carlos Javier Villaseñor Anaya, informó que el sector presenta una problemática administrativa que ya lleva 25 años de discusión. “No es casual, pero el Legislativo ha hecho sólo dos reformas importantes: una en materia de presupuesto, y la segunda, es la inclusión del derecho a la cultura a nivel institucional”.
Deborah Holtz, directora y editora de Ediciones Trilce, declaró que más que un organismo que inyecte dinero, se necesita uno que gestione y convenza de la importancia de las actividades del sector. “No hay ninguna dependencia que apoye programas que duren varios años”, dijo.
El dramaturgo Nicolás Alvarado se pronunció por “salvar a la cultura de su propia burocracia”, encontrando los mecanismos para lograrlo. Es un factor de desarrollo social y económico que debe discutirse a fondo en términos de políticas públicas.
http://www5.diputados.gob.mx/index.php/esl/Comunicacion/Boletines/2015/Diciembre/07/0640-Piden-expertos-que-Secretaria-de-Cultura-trabaje-en-la-transversalidad-y-no-cree-burocracias

lunes, 20 de abril de 2015

Diez razones por las que debe aprobarse una Ley de Cultura en México Carlos Lara G.

• Primero porque así lo establece la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en su artículo 4to. Una reforma constitucional impulsada y aprobada por los partidos con mayor representación en la Cámara de Diputados en abril de 2009, que en su penúltimo párrafo dice: “Toda persona tiene derecho al acceso a la cultura y al disfrute de los bienes y servicios que presta el estado en la materia, así como el ejercicio de sus derechos culturales. El estado promoverá los medios para la difusión y desarrollo de la cultura, atendiendo a la diversidad cultural en todas sus manifestaciones y expresiones con pleno respeto a la libertad creativa. La ley establecerá los mecanismos para el acceso y participación a cualquier manifestación cultural[1]. 
• Por ser una deuda jurídica del gobierno con la comunidad cultural y con el país desde 1988, año en que se creó el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Desde entonces se ha venido señalando y solicitando reparar ese vacío jurídico de haber aprobado un Consejo sin una ley reglamentaria.
• Por ser un compromiso político de las fuerzas políticas representadas en el Congreso de la Unión. El Partido Acción Nacional, ha señalado desde 1988 la necesidad de tener una secretaría de cultura y una legislación en la materia; el Partido Revolucionario Institucional, junto al Partido Verde ha propuesto evaluar y actualizar el marco legal del sector cultural y promover una política de Estado en materia de cultura. Por su parte el Partido de la Revolución Democrática, junto al Partido del Trabajo y Convergencia, han propuesto la creación de un órgano de Estado dotado de autonomía, patrimonio propio y autoridad pública, con amplia participación de los actores y usuarios, con carácter democrático y federativo que coordine la política cultural del país, y vincular la política cultural a los planes nacional y regionales de desarrollo. Asimismo, promulgar una ley general de cultura que establezca un marco jurídico integral en materia de distribución de competencias, financiamiento, perfil del organismo rector, marco de corresponsabilidad entre sociedad y gobierno, y los instrumentos básicos de promoción cultural.
• Porque en los últimos diez años se han elaborado poco más de diez proyectos de ley distintos, sin que haya prosperado ninguno, por motivos políticos y de agenda política[2].
• Porque ser un pendiente del denominado Pacto por México en materia de cultura, el cual estableció el compromiso de proteger el patrimonio cultural a través de una legislación que reconociera las nuevas relaciones entre la federación, las entidades federativas y los municipios, así como su adecuada restauración, que permitirá una vinculación más eficaz entre la cultura y la promoción turística detonando el empleo y el desarrollo regional. Además esta solicitud de la Ley de Cultura está establecida en el punto siete de los 10 de los Compromisos Indispensables para una nueva política cultural, entregados en mano al C. Enrique Peña Nieto, antes de asumir el cargo de Presidente, por parte de un grupo representativo de la comunidad cultural. En dicho punto se establece el compromiso de impulsar la reforma de las instituciones públicas encargadas de las políticas culturales y que hoy consumen la mayor parte de los recursos en gasto burocrático y diseñar un sistema de planeación y evaluación que permita tener indicadores de desempeño e impacto social.
• Porque el titular del CONACULTA, Rafael Tovar y de Teresa, ha mencionado su disposición para fortalecer institucionalmente al Consejo, aunque sin precisar de qué manera.
• Porque la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), ha señalado que México es el mayor reformador de la OCDE debido a la cantidad de reformas estructurales aprobadas el último año legislativo. Dichas reformas, bajo el punto de vista del titular de la OCDE, elevarán el crecimiento potencial del país al menos en un punto adicional en los próximos 10 años. En efecto, se ha reformado el paradigma constitucional de diversos sectores del país, el de las telecomunicaciones, el de competencia, empleo, educación, el fiscal, el financiero, el energético y el de seguridad. La mayoría de estas reformas y de estos sectores trastoca el subsector cultura; sin embargo la cultura lleva esperando más de 26 años su reforma.
• Porque estamos a cinco meses legislativos de que concluya la primera legislatura de este sexenio, y en las plataformas legislativas de los partidos políticos con mayor representación en el Congreso de la Unión, ya no figura el compromiso de los partidos de impulsar una ley de cultura y una secretaría para la próxima legislatura[3].
• Porque si las reformas de este gobierno fueron anunciadas como estratégicas y fundamentales para mover a México, nos resistimos a creer que la cultura no sea considerada en ese propósito; más cuando este gobierno menciona a cada momento que la cultura es necesaria para el restablecimiento del tejido social, cuyo prestigio internacional genera condiciones de inversión, y paradójicamente le niega la reforma que necesita.
• Porque de aprobarse una Ley General de Cultura, los partidos políticos con mayor representación en el Congreso de la Unión, darían cumplimiento al 90 % de las iniciativas que han propuesto durante los últimos diez años. 

Análisis de las dos iniciativas a discusión en el Poder Legislativo[4]

Ley General de Acceso, Fomento y Disfrute de la Cultura presentada por la Senadora Blanca Alcalá[5]

Está encaminada a avanzar hacia las condiciones generales de acceso, fomento y disfrute de la cultura y perfeccionar los instrumentos de la administración pública en la materia, así como democratizar el acceso a la cultura.

Contiene 56 artículos, más dos transitorios y ocho capítulos bajo la siguiente estructura:
• Capítulo I
Disposiciones generales
• Capítulo II
Del acceso y participación a los bienes y servicios culturales
• Capítulo III
De la competencia y coordinación
• Capítulo IV
Del sistema nacional de información cultural
• Capítulo V
De la aplicación de recursos
• Capítulo VI
De la conferencia nacional para el fomento de la cultura
• Capítulo VII
De los instrumentos de política pública para la promoción de la cultura
• Capítulo VIII
De la participación social

 Particularidades
Este proyecto de ley no está orientado a crear una Secretaría de Cultura, sino a reglamentar lo establecido en el artículo 4to., y 73 constitucionales en materia de acceso a la cultura y coordinación de las entidades para garantizar este derecho[6].
• Reconocer de manera enunciativa los derechos culturales de los mexicanos
• Establece los principios a que deberán sujetarse las políticas públicas en materia de cultura
• Las bases para el acceso y participación de las personas, grupos y comunidades culturales a los programas y acciones promovidas por las instituciones
• Las atribuciones de los órdenes de gobierno y bases de coordinación en materia de acceso a la cultura y al disfrute de los bienes y servicios culturales que presta el Estado;
• Los criterios para la aplicación de recursos así como para la producción de bienes y prestación de servicios a cargo de las instituciones gubernamentales en la promoción y difusión cultural[7];
• Propone mecanismos de vinculación y participación de las instituciones públicas entre sí y con los sectores social y privado en la promoción, difusión y fomento de expresiones y manifestaciones culturales.
• Un Sistema Nacional de Cultura
• Enmarca la Conferencia Nacional de Cultura y el Sistema de Información Cultural

Ley General de Cultura presentada por la Diputada Margarita Saldaña Hernández[8]

Tiene como objetivos principales, desdoblar las bases del derecho de acceso a la cultura, previsto en la Constitución; así como las de una política cultural transversal, que impacte e incida en el restablecimiento del tejido social del país.

Contiene 41 artículos más siete transitorios, bajo la siguiente estructura:
Título primero
Disposiciones generales
Capítulo I
Del objeto de la ley
Capítulo II
De los principios y  la política cultural
Título segundo
Del sistema nacional de cultura
Capítulo I
De la coordinación entre la federación, los estados, el distrito federal, municipios y delegaciones del distrito federal
Capítulo II
Del consejo nacional de cultura
Capítulo III
De los consejos locales, regionales, municipales y delegacionales del distrito federal
Título tercero
Del programa nacional de cultura
Capítulo único
De los contenidos
Título cuarto
De la participación de los sectores social y privado
Capítulo I
De los mecanismos de participación y de acceso a manifestaciones culturales
Capítulo II
De los medios para difusión  y el desarrollo de la cultura
Título quinto
Del acceso a instrumentos financieros
Capítulo único de los recursos presupuestales y los fondos
Artículos transitorios

Particularidades
Este proyecto de ley va acompañado de otra que reforma la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, debido a que propone transformar el CONACULTA en Secretaría de Cultura y sus brazos operadores INAH e INBA… Establece por ello, un esquema para que la promoción y difusión de la cultura sea más ordenada y con tramos de responsabilidad definidos, consistente en una Secretaría, un Consejo, un Sistema y una Conferencia.

• Reglamenta el derecho de acceso a los bienes y servicios culturales que presta el Estado, de acuerdo a lo establecido en el artículo 4to., y 73 en materia de coordinación de las entidades en la garantía de este derecho.
• Abre paso a un sector cultura, deja de ser un subsector dependiente jurídica, presupuesta y administrativamente de la SEP.    
• Crea la Secretaría de Cultura y deja de ser un Consejo, así como dos subsecretarías, con lo que terminaría con la duplicidad de funciones y el correspondiente impacto presupuestal
• Respeta el estatus laboral de los trabajadores del INAH y del INBA
• Eleva a rango de Ley el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes
• Da una mayor certeza jurídica al FONCA que dependería de una ley y no de un decreto presidencial como ahora.
• Ofrece un marco al Programa Nacional de Cultura, hoy denominado Programa Especial de Cultura y Artes
• Crea un Sistema Nacional de Cultura
Enmarca la Conferencia Nacional de Cultura y el Sistema de Información Cultural
• Establece también un capítulo relativo a los medios para la difusión y el desarrollo de la cultura, que establece que las dependencias e instituciones del Sistema Nacional, suministrarán, intercambiarán y actualizarán la información relacionada con personas, grupos y organizaciones dedicadas a la creación artística y la actividad cultural.
• Contiene también un apartado sobre el acceso a instrumentos, que prevé que las dependencias e instituciones del Sistema Nacional de Cultura, promoverían en su correspondiente ámbito de competencia, la creación de fondos, así como la integración de fideicomisos, de acuerdo con la normativa aplicable en la materia que contribuyan al desarrollo cultural[9].
Establece también un apartado de industrias culturales y patrocinios, orientado a estimular estos dos ámbitos, con objeto de fortalecer su contribución a la cultura y arte, a la productividad y competitividad del sector y a mejorar la calidad de vida del artista y creador[10].

 
Coincidencias

• Ambas plantean un esquema de competencias y coordinación entre los distintos órdenes de gobierno como mandata la reforma constitucional
• Establecen los principios, instrumentación y transversalidad de la política cultural
• Un Sistema Nacional de Información Cultural
• La regulación del acceso a los bienes y servicios culturales que presta el Estado y la participación social, tal como lo prevé la reforma constitucional
• Un marco para la Conferencia Nacional de Cultura como el espacio de discusión y análisis de la política cultural del país
• Un marco para la incipiente economía creativa del país.

 
Lo relevante en el proceso de dictaminación
 
• La creación de un marco jurídico coordinador, que establezca los tramos de competencia entre la federación, las entidades federativas y los municipios.
• La creación de un sector cultural, esto es, de una Secretaría desde la cual se pueda operar mejor la transversalidad de la política cultural
• Reglamentar de la mejor forma posible el derecho de acceso a los bienes y servicios culturales que presta el Estado, establecido en el artículo 4to., constitucional desde abril de 2009.
• Elevar a rango de ley el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, que al igual que la reglamentación del CONACULTA, representan los últimos resquicios del presidencialismo en la cultural.
• Enmarcar de la mejor forma posible las coincidencias señaladas
• En síntesis: ordenar y armonizar la legislación y la política cultural del país

 




[1] Existen diversos principios constitucionales más en los que se establece de forma consustancial, el compromiso del Estado en la materia, pero sin duda este es el más importante. En nuestra opinión José Manuel Hermosillo Vallarta y un servidor, también se puede asegurar que de la interpretación armónica y sistemática de los artículos 2º, 3º, 6º, 7º, 25, 26, 28, 39, 40, 41, 73 fracciones XXV y XXIX – Ñ, 74, 76, 89, 90, 102, 103, 105, 107, y 133 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; en relación con diversos preceptos sobre derechos humanos de carácter internacional, adoptados por el Estado Mexicano, y conforme al derecho fundamental que toda persona tiene al acceso a la cultura y al disfrute de los bienes y servicios que presta el Estado en la materia, así como el ejercicio de sus derechos culturales conforme al artículo 4º constitucional, deriva que el derecho a la cultura se incluye dentro del marco de los derechos fundamentales; de ahí que el Estado a través de los poderes públicos, deban garantizar y promover la libre emisión, recepción y circulación de la cultura, tanto en su aspecto individual, como elemento esencial de la persona, como colectivo en lo social,  dentro del cual está la difusión de múltiples valores, entre ellos, los históricos, las tradiciones, los populares, las obras de artistas, escritores y científicos, y muchas otras manifestaciones del quehacer humano con carácter formativo de la identidad individual y social o nacional. Véase La reforma cultural, el pendiente de la transición democrática y la alternancia política. Carlos Lara G. Editorial Fundap 2014.
[2] En el libro Voces, ecos y propuestas para la agenda cultural del siglo XXI, 25 años de debate, Miguel Ángel Porrúa 2013, realicé una tabla con un breve análisis de los diversos proyectos de ley que han sido presentados en el Poder Legislativo: Ley de Fomento y Difusión de la Cultura o “Ley Sari” (2004); el proyecto de dictamen de Ley de Coordinación para el Desarrollo Cultural (2005), el proyecto de Ley General de Cultura del grupo parlamentario del PRD en el Senado de la República  (2006); el proyecto de Ley General de Cultura que me tocó trabajar con el equipo de Sergio Vela (2008); la Ley General para la Protección de los Derechos de los Públicos de los Bienes y Servicios que presta el Estado en Materia de Cultura, presentada por el diputado José Alfonso Suárez del Real (2009); la propuesta de Ley general de derecho de acceso a los bienes y servicios culturales que ha planteado  Francisco Dorantes Díaz (2011), así como las tarjetas que sobre el tema dejó Consuelo Sáizar (2012), la propuesta de Ley General de Cultura  presentada por el PT (2012) y desechada por reglamento y la iniciativa que viene trabajando desde 2013 Margarita Saldaña, presidenta de la Comisión de Cultura y Cinematografía de la Cámara de Diputados, orientada a crear una Ley General de Cultura.
[3] Véase el análisis Los partidos borran de sus plataformas su compromiso con la legislación cultural. Disponible en: https://www.academia.edu/10344896/Partidos_borran_de_sus_plataformas_su_compromiso_con_la_legislaci%C3%B3n_cultural
[4] En las discusiones que he participado siempre he insistido en el criterio de destacados conocedores del temas como Francisco Dorantes Díaz, quien sostiene acertadamente que una cosa es una ley general de cultura, y otra una ley que pretende regular solo el acceso, que de hecho, es lo que mandata el artículo 4to., constitucional, hacer una ley que regule el derecho de acceso a los bienes y servicios culturales que presta el Estado. Ahora bien, en el caso particular de la Ley General de Cultura que presenta la Diputada Margarita Saldaña, en su momento señalé junto al colega José Manuel Hermosillo Vallarta, que sería pertinente un artículo primero que dijera lo siguiente: “La presente ley es reglamentaria de las disposiciones de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que se refieren al fomento a la cultura, difusión y desarrollo de la misma, diversidad cultural en todas sus manifestaciones y expresiones, con pleno respeto a la libertad creativa, así como al acceso y disfrute de los bienes y servicios culturales y al ejercicio pleno de estos derechos”. Espero que en el proceso de dictamen podamos explicar a detalle la pertinencia jurídica de esta redacción.
[5] Presentada el 30 de septiembre de 2014, turnada a la Comisión de Cultura del Senado
[7] En relación al acceso y participación a los bienes y servicios culturales, en el artículo 14, señala que conforme lo establece el artículo 8, las instituciones con intervención en la ley, con base en su disponibilidad presupuestal, llevarán a cabo programas y acciones para el acceso y participación de las personas en las manifestaciones del arte y la cultura. Con esta limitación la ley es letra muerta, pues si no hay disponibilidad presupuestal, los presupuestos constitucionales que tanto gustan a los legisladores, quedan en mero adorno. Sin embargo el artículo 15, es más acertado al establecer que, de conformidad con su vocación y naturaleza jurídica, las instituciones desarrollarán actividades de capacitación, difusión, apoyo a la producción, divulgación e investigación de la cultura, a través de programas diseñados para grupos sociales o públicos específicos, o mediante apoyos y asignaciones presupuestales sujetas a fiscalización. Y en el artículo 16 señala el piso mínimo a cubrir por las instituciones del Estado.
[8] Turnada el jueves 16 de abril de 2015 a las comisiones de Cultura y Cinematografía, (para dictamen) y a la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública (para opinión)
[9] Plantea regula la creación de un Fondo Nacional y de Fondos Locales, con participación Federal. Además, la facultad de integrar fideicomisos y la previsión de programas. Cabe señalar la regulación para que dependencias e instituciones del Sistema Nacional, impulsen la conformación de programas para la promoción cultural, estímulo a creadores y promotores culturales, así como para el apoyo a la industria cultural.
[10] Cualquiera de las dos propuestas sería la segunda ley que estableciera un marco para la economía creativa, que se complementaría con lo ya dispuesto en la Ley para el desarrollo de la competitividad de la micro, pequeña y mediana empresa, que en su artículo 3ro., concibe las MIPYMES: Micro, pequeñas y medianas empresas, legalmente constituidas, con base en la estratificación establecida por la Secretaría, de común acuerdo con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y publicada en el Diario Oficial de la Federación, a los productores agrícolas, ganaderos, forestales, pescadores, acuicultores, mineros, artesanos y de bienes culturales, así como prestadores de servicios turísticos y culturales

martes, 23 de septiembre de 2014

La ley de cultura que viene

Trascendió esta semana que la senadora Blanca Alcalá, presidenta de la Comisión de Cultura del Senado de la República, tiene ya lista una iniciativa de Ley de Acceso, Disfrute y Fomento a la Cultura, misma que estaría presentando esta misma semana. Nuevamente un proyecto más que se sumará a los casi diez proyectos que se han trabajado desde hace diez años. Una iniciativa que, a juzgar por el título, nos lleva a decir que los legisladores no terminan de entender que lo mejor es hablar, o bien de una Ley General de Cultura, sin adjetivos que solo complican la armonización de lo establecido en la Constitución en materia de cultura, pues este importante ámbito está establecido en diversos artículos de nuestra Constitución. La otra vía sería discutir una Ley General de Acceso a los Bienes y Servicios Culturales que presta el Estado, como quedó establecido en el artículo 4 Constitucional.
 Los proyectos que han sido presentados hasta el momento, los he reseñado en mi más reciente publicación, Voces, ecos y propuestas para la agenda cultural del siglo XXI, 25 años de debate. El él se puede ver la variedad de proyectos como ese de Ley de Fomento y Difusión de la Cultura o “Ley Sari” (2004); el proyecto de dictamen de Ley de Coordinación para el Desarrollo Cultural (2005), el proyecto de Ley General de Cultura del grupo parlamentario del PRD en el Senado de la República (2006); el proyecto de Ley General de Cultura que me tocó trabajar con el equipo de Sergio Vela (2008); la propuesta de Ley general de derecho de acceso a los bienes y servicios culturales que ha planteado Francisco Dorantes Díaz (2011), así como las tarjetas que sobre el tema dejó Consuelo Sáizar (2012), la propuesta de Ley General de Cultura  presentada por el PT (2012) y desechada por reglamento y la iniciativa que viene trabajando desde 2013 Margarita Saldaña, presidenta de la Comisión de Cultura y Cinematografía de la Cámara de Diputados, orientada a crear una Ley General de Cultura.
Como ven, habrá mucha tela de dónde sacar el mejor de los proyectos de ley, sólo esperemos que los antropólogos no comiencen a antropologizar el tema y quieran iniciar una vez más la discusión con su eterna pregunta ¿Qué es cultura? 



Nota publicada en el diario La Crónica Jalisco. Disponible en: http://www.cronicajalisco.com/notas/2014/25720.html

domingo, 18 de diciembre de 2011

Serrano Migallón y la ley de cultura


Poco duró Fernando Serrano Migallón al frente de la Secretaría Cultural y Artística del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta). Su renuncia es la cuarta que se presenta en esa secretaría en cinco años. Llegó en marzo de 2009 a sustituir a Álvaro Hegewisch, con el firme propósito de sacar adelante la pretendida ley de cultura y poner orden a la estructura del Consejo, que bajo su punto de vista “nació mal y ha crecido mal”, por lo que, según él, corresponde al Congreso de la Unión, al Presidente de la República y al titular de la Secretaría de Educación Pública, determinar cuál de las propuestas, que dice haber trabajado, sería la mejor para corregir esa anomalía legal. En su primera rueda de prensa, la titular del Conaculta, Consuelo Sáizar, manifestó que su propósito sería trabajar en el diseño de una reforma para que el Consejo adquiriera identidad jurídica. Afirmó que Serrano Migallón tenía un avance de 80%. En agosto de 2010, cuando la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados organizó los foros de consulta, aseguró: “Ya la hemos presentado. El doctor Serrano Migallón trabajó arduamente en eso”. Afirmación que desmintió el diputado Armando Báez, secretario de la Comisión de Cultura. La Comisión se había comprometió a presentar ante el pleno una iniciativa para crear la Ley General de Cultura en 2010, pero la Legislatura llega a su fin sin ni siquiera haber podido integrar un proyecto.
Lo que en realidad dejó Serrano Migallón a su paso por el Conaculta fueron tres tristes hojas enviadas a la Comisión de Cultura, en el marco de una reunión de trabajo. En ellas figura la propuesta de convertir al Consejo en un Organismo Descentralizado de la Secretaría de Educación Pública (SEP). Llama la atención que una propuesta de tal trascendencia no fuera acompañada de una mayor argumentación. Particularmente si consideramos que el Dr. Migallón es considerado un abogado destacado en derecho constitucional. Otra de las propuestas de las tres tristes tarjetas es que el Conaculta pudiera convertirse en un organismo autónomo por acuerdo del Presidente de la República, o bien por una Ley del Congreso. Es de lamentar la falta de sensibilidad y seriedad del personaje en cuestión, pues sus tres tristes tarjetas señalan que si no fuera a través de una ley, podría ser mediante un decreto o acuerdo presidencial. Con esta segunda opción, se estaría fomentando el presidencialismo en materia de cultura; hay que recordar que la Cámara de Diputados ya está facultada desde 2009, para legislar en la materia. Fernando Serrano Migallón asumió desde esta semana que termina la Secretaría General de la Cámara de Diputados, hasta allá va la pregunta: ¿Qué pasará con la ley general de cultura y ese 80% de avance que aseguran dejó en Consejo?